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EL PESO DE LA ISLA

Por Waldo González López

En el 2003, una treintena de poetas y trovadores de diversas provincias realizaron durante quince días un recorrido por todo el país visitando significativos sitios históricos y culturales, en homenaje al bicentenario del gran poeta cubano José María Heredia. El Mausoleo de José Martí, la Plaza de la Patria, las Casas Natales de Ignacio Agramonte y José María Heredia, el Mausoleo del Che y otros ámbitos de alta significación en la historia de la Isla fueron entre otros los lugares visitados.

Bajo el simbólico nombre de La Estrella de Cuba(Inventario de una expedición), aparecería solo meses después una suerte de selección de los versos leídos por sus autores (aunque no las canciones, y es una lástima) a lo largo de su trayectoria, publicada por la Editorial Letras Cubanas, en edición de la también investigadora y ensayista Mayra Hernández Menéndez, diseño del destacado Alfredo Montoto y hermosa ilustración de cubierta del artista plástico Carlos Reyna.

Entre los nombres incluidos en la nómina, destacan los del pinareño Nelson Simón, los matanceros José Manuel Espino y Marilyn Roque, los holguineros Ronel González y René Coyra, los tuneros Rey Faxas y Frank Castell, los espirituanos Liudmila Quincoses y Rigoberto Rodríguez Entenza y la guantanamera Katia Gutiérrez Miró, quienes junto al el villaclareño Arístides Vega, el camagüeyano, Alejandro González Bermúdez, la santiaguera Teresa Melo y los espirituanos Reynaldo García Blanco y el selector de los textos y prologuista, Edel Morales, entre otros, ofrecen un panorama amplio y diverso de la poesía cubana actual, aunque, como el compilador lo afirma, no se trata de una antología, toda vez que en estas páginas coinciden «afinidades y disidencias entre autores distintos y voces individuales muy claramente perceptibles».

Y aquí radica un punto vulnerable del volumen, ya que leemos discursos muy extensos y abiertos en sus significados, junto a otros enriquecidos por formas consagradas que resultan más comunicativas con el lector, como cuartetos, sonetos y décimas.

Asimismo, otros sintéticos que del propio modo más sugieren con menos palabras, como pedía el clásico, necesario rasgo que no pocos poetas jóvenes desconocen por su inexperiencia u olvidan, más atentos a «la última onda», tal ironizaba en un poema de los ’60 el Premio Nacional de Literatura Roberto Fernández Retamar.

De cualquier modo, pienso, como Edel, que «si algo satisface en la mayoría de estos poemas es que son expresión de una autenticidad a prueba de artificios, modas, dogmas y escuelas literarias». Asimismo —otra virtud del título—, con la variedad temática y estilística se logra una jamás cansina lectura, otro mérito de sus autores provenientes de dos promociones de poetas cubanos, quienes en consecuencia ofrecen una plausible muestra de la poesía cubana más reciente.

La variopinta temática se da hasta en los títulos: desde la familia (asunto lógico en los creadores jóvenes y, más allá, en la narrativa y el teatro cubanos), hasta lo imaginativo, pasando por lo literario, lo histórico y, en fin, todo lo divino y humano del maremágnum (que conforma el hombre que somos), se dan la mano en este concierto multisonoro que a cada vuelta de página, resulta atractivo y, en no pocas ocasiones, satisfactorio.

Hay textos que sobresalen, tal corresponde a una coleccióncon tantos nombres —en este caso, 27 autores de disímil carácter, origen, formación, sensibilidad… Y quien escribe este comentario lo sabe por la praxis de cerca de treinta antologías (que no antrologías) publicadas. De ahí que, como el agudo lector siempre espera, descuellan algunos nombres ya maduros en el ejercicio de la poesía o en camino de serlo.

Por ello, configuran valiosos textos, entre los primeros: Nelson Simón, Ronel González, Marilyn Roque, José Manuel Espino, Pedro Llanes, René Coyra y Teresa Melo. Al segundo grupo corresponden: Liudmila Quincoses, Frank Castell, Rey Faxas, Alejandro González, Katia Gutiérrez Miró, Kenia Leyva e Israel Domínguez, con agudos y talentosos sesgos.

A manera de leve muestra, ofrezco a los lectores deAlma Mater, un fragmento del excelente homenaje a Virgilio Piñera:

«El peso de la Isla», de Nelson Simón:
«La vida no es un sueño. /
Es más la pesadilla de ir /
haciendo los días poco a poco, /
de irlos amontonando, lanzándolos /
como inútiles piedras /
hacia el fondo abismal de un viejo pozo /
al que tenemos miedo de mirar, /
miedo de ir a asomarnos y no encontrar /
lo que esperamos, / lo que quisimos ser y no pudimos /
porque la vida no es un sueño, /
es más la pesadilla que nos van regalando, /
es una casa mínima, impersonal, /
una casa sin flores ni árboles frondosos /
que protejan, /
un número en el lugar del rostro /
para ocultar la huella de los pájaros, la sombra que sus patas dejaron /
marcadas en mis ojos /
dulces y venenosos como almendras.»

Creo que, de estar vivo, José María Heredia estaría satisfecho con este volumen que dignifica su recuerdo a dos siglos de su existencia.

 


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Actualizada: 06 de enero/2006