|
LA PALABRA EMPEÑADA
Por Tamara Roselló Reina
“Nuestra voz que es un murmullo se convierte en el grito del pueblo,” sentenció José Antonio Echeverría. Quizás por eso uno de los recuerdos más vivo que tenemos de él es aquella alocución que anunciaba el ajusticiamiento del tirano en su propia madriguera el 13 de marzo de 1957 y que volvemos a escuchar año tras año, a la misma hora, como queriendo atrapar su grito de lucha.
Ya no tendremos que esperar un nuevo atardecer de marzo para oírle. Su ideario revolucionario, sus denuncias y programa futuro, están esbozados en Papeles del Presidente, una compilación de Hilda Berdayes, periodista de la revista Alma Mater.
El proyecto surgió oportunamente como tributo al aniversario 50 del ataque al Palacio Presidencial y a la emisora nacional Radio Reloj, comandado por Echeverría. Su encuentro con los lectores se anticipó para que los delegados al VII Congreso de la FEU lleven consigo en lo adelante, otra prueba irrefutable de la intrepidez del que honran como Presidente de Honor.
La prisa que impone el mundo editorial no le restó dedicación a la búsqueda exhaustiva en las fuentes originales: periódicos de la época, los fondos del museo Casa Natal de Cárdenas, el testimonio de amigos y compañeros de lucha. La selección incluye 34 documentos, entre declaraciones a la prensa, cartas y discursos, pero aún hay más papeles útiles que rescatar.
La Casa Editora Abril no se conforma con un solo libro. Su editora Jacqueline Teillagorry al igual que Hilda, ha redescubierto la sensibilidad y la entereza de Manzanita. Todavía quedan por publicar páginas enteras con notas aclaratorias, que ayudan a contextualizar su verbo encendido y las difíciles circunstancias históricas de su época.
De cualquier modo en la lectura de Papeles… no se debe perder de vista ni una sola palabra, desde su primera página hasta los anexos finales, donde se sigue la ruta de José Antonio a través de imágenes, de la cronología del movimiento estudiantil entre 1952 y 1957 y en discursos conmemorativos del Comandante en Jefe Fidel Castro después del triunfo de la Revolución, que juntos anhelaron.
“José Antonio era un joven de 25 años con un desarrollo político, una capacidad para aglutinar y una postura antimperialista impresionante,” recuerda el arquitecto Mario Coyula, en una de las entrevistas publicadas por El hombre en la cornisa. He aquí el testimonio de un condiscípulo suyo, que le conoció en la Universidad de La Habana, cuando empeñó su palabra para conquistar un “estado revolucionario, que satisfaga las urgencias de libertad, paz y justicia del pueblo cubano.” Ahora nosotros también podremos saldar la deuda con la memoria, al estar más cerca del José Antonio que todavía nos señala el camino.
Artículos relacionados
LECTURAS DEL MUNDO
|