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LAS PUERTAS DE PÉGLEZ

Por Waldo González López

Un halo de continuidad conceptual, al filo de lo filosófico, rodea la poiesis de Pedro Péglez González, ya que todo lo publicado hasta la fecha por el también periodista posee ese don infaltable en la mejor creación lírica, la que ahonda en lo cognoscitivo.

Publicado por Ediciones Unión, en su colección La Rueda Dentada, su más reciente poemario, Últimas puertas podadas por la nieve, reúne un haz de valiosos textos, a partir de lecturas de la que denominara Poesía ignorada y olvidada el también poeta y ensayista colombiano Jorge Zalamea, quien con este importante volumen merecería el Premio Casa de las Américas en 1965.

Allí dice con plena razón el igualmente dramaturgo bogotano: «Todas las grandes culturas tienen, en su base, una poesía mítica a la que habrá que dar el pedante mote de cosmogónica […]. La expresión poética, no de las grandes culturas sino la de los pueblos ignorados y menospreciados.»

Péglez, en su viaje al pensamiento mítico/poético de estos hombres y mujeres, rescata sus voces, sueños y amores, alegrías, olvidos y muertes. Poesía ritual, ceremonial o mítica la de tales autores primitivos surgidos de pueblos niños, con el imaginario de su hermoso fabular (que expresa los temas de siempre, los que han preocupado a los poetas de todos los tiempos), y cada uno lo hace desde su sensibilidad, su peculiar voz y su talento. El colegamigo parte de las culturas sioux, cheyenne y otras que poblaron las praderas de lo que mucho después conformarían los poderosos Estados Unidos de Norteamérica, cuyos generales del Oeste arrasarían con tan rica cultura, depredándola, violándola e imponiendo la suya.

La sensibilidad de esos hombres aparece en estas páginas que evocan los cantos y poemas originales de sus voces ignoradas y olvidadas, tal se aprecia en el fragmento de un válido poema-plática sobre/con la raíz y el origen (Ah mi madre):

Madre tú me enseñaste /
a masticar las pieles /
a ayudar al bisonte en su presagio /
tú me enseñaste a triturar qué hierba /
a domeñar el borde a la fatiga /
incluso a destrozar aquellas sombras /
con los dientes cerrados y perfectos. / /
Ah mi madre por qué por qué no me enseñaste /
también a no mascar mi propia piel /
sus empinadas grietas /
como si el buen guerrero /
fuera una manzana /
como si el turbio diente pudiera liberarme.

Últimas puertas podadas por la nieve devela la personalidad del poeta, quien, dotado de humildad y bonhomía, es un hombre, bueno, en el buen sentido de la palabra, como quería el grande Antonio Machado. Por ello, este poemario resulta, además, un espejo de su propia personalidad, que ama salvar del olvido tales imágenes imaginadas o quizás reales, pero tan válidas como la poesía que las hace posibles.

Con Últimas puertas podadas por la nieve aporta Ediciones Unión otro poemario de valía, que enriquece su amplio y variado catálogo. Y Pedro Péglez González abre aún más las puertas de su excelente creación lírica, al sumar a su no breve obra un título singular.




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Actualizada: 21 de septiembre/2006