Nuestro Credo
Fotorreportaje
CARLOS CRESPO: «AGÓNICA CERTEZA DE LO INEVITABLE»
Por: Waldo González López
El más reciente poemario de Carlos Crespo (La Habana, 1947) lo confirma como uno de los mejores poetas de su generación, integrada por los que nacimos tras 1945 y en la que figuran, entre otras voces, las de Luis Rogelio Nogueras, Renael González, Virgilio López Lemus, Roberto Manzano, Alberto Serret, Luis Beiro y Ricardo Riverón, por solo mencionar algunas de las mejores y más publicadas. La poética de Carlos Crespo (aparecida tardíamente, pues se inicia en 1988 con El tiempo, Guiomar) se distingue por poseer otros rasgos, otros rumbos, otras instancias, mas siempre unidas a un intimismo quizá de más profundidad, toda vez que el autor se vale de la nostalgia de la memoria y esos idus de un pasado que no se quiere perder. De ahí su constante evocación por recuperar el tiempo ido, desde Grecia hasta el siglo XX, por esa querencia por las efigies antiguas, las tumbas egipcias, el helenismo, la plástica clásica, el propio romanticismo, las primeras décadas del siglo XX. Por ello también en sus versos casi no hay referencias a la actualidad. Bien sabe Carlos que los temas en la poesía existen desde el primer poeta/aeda/juglar/, pues lo que cambia son los autores y sus respectivas miradas y aprehensiones del mundo que es el suyo propio, pues él lo reconstruye con las palabras de su poesía. En fin, ese decir que salvará o hundirá a la poesía justamente del derrumbe del pasado que, al pronunciarlo, ya lo es. Años atrás valoré su quehacer en una crónica publicada en el periódico habanero Juventud Rebelde, a partir de su infinita síntesis, esa capacidad de resumir en apenas cinco o siete versos (y en no pocas ocasiones aún menos) su concepto, su hondo sentido y conocimiento de la poesía. Y escribo en negritas la palabra, ya que se trata de un poeta de esencias y no presencias: bien sabe igualmente Carlos que la alusión y la sugerencia contienen esa necesaria concomitancia que puede y debe dejar apenas un puñado de versos, en los que el lector, si inteligente, puede hallar todo un cosmos de significado y significante. De ahí que en este nuevo libro, más aún que en los anteriores, hallamos desde textos de cierta largueza hasta otros como En voz baja: Como un nuevo Orfeo / has vuelto la cabeza / para mirar. // No recuerdas / cuándo / ni dónde / y eso / es lo terrible. Pero aún hay mayor síntesis y concreción en esta poesía que se quiere desnuda de artilugios innecesarios y adjetivos que solo empañan y dificultan su decir de esencialidades. Así, en Equilibrista, leemos: Desde la hiriente blancura, / una voz decretó la expulsión. / Sobre una cuerda interminable, / paso los días. Mas, Dístico es la mejor prueba de tal concreción, sin por ello dejar de expresar su carga conceptual, casi aforística: Dolor de vivir un tránsito irreal. / Agónica certeza de lo inevitable. Siempre he dicho que la paupérrima existencia de Carlos Crespo es como la de los poetas románticos del siglo XIX, por lo que se puede establecer, al leer sus excelentes poemas, una suerte de paralelo en nuestra época con la de esos vates que padecían una increíble pobreza y que la vivían hasta el fondo. Con ello, de ningún modo pretendo decir que el poeta es un eterno desclasado, no. Lo que sucede es que la jetattura (mala suerte) que padece desde décadas atrás, ha llenado su devenir existencial de una quemante miseria material que, al contrario y por fortuna, sí le ha aportado una riqueza espiritual no común en esta época de necesaria cibernética e Internet que llena este mundo del siglo XXI, pero el que jamás comprenderá este valioso poeta. Yo no concibo a Carlos Crespo en esa dimensión otra que, a fin de cuentas, no conocerá: él siempre será el poeta que escribe sus versos con un lápiz en la noche del mundo, a la que le lanza sus preguntas sobre la existencia, el sentido y el fin de la vida. Por ello, esta poesía de alto sentido filosófico, de alto vuelo ético y de indudable calidad que nos ha ofrecido con su desesperante modestia, su inacabable humildad, su extrema bonhomía. He aquí otro ejemplo de tal existencia y poética, Años: A plena luz / remontamos / a ciegas. / Como un viento, / el dolor / nos empuja. Creo, por fin, que con Tocar fondo Ediciones Unión nos entrega una de sus mejores publicaciones en estos tiempos (cuando tanta falta hace la esencialidad contra la balcanización de la nadería o, lo que mejor define el poeta Carlos Martí como la macdonalización de la cultura) y Carlos Crespo nos ofrece un breviario de magnífica poesía, en tanto constituye una autobiografía lírica y filosófica que, a un tiempo, revela el genuino ser y estar de este valioso poeta cubano contemporáneo, cuya obra, por su rigor y hondura, quedará, como la de no muchos, entre los que jamás hicieron ruido en revistas ni otros medios, pero fueron forjando una poética de ahora, mañana y después, es decir, de siempre.
© Alma Mater 2006
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