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MALDIGO... DE LA BOCA PARA AFUERA
Por Hilario Rosete Silva
Foto: Maqueira
«Publicado por la Editorial Unicornio, ya está en las librerías el volumen de relatos...»
«Un poemario a tres manos, recién apareció por la Editorial de la Mujer...»
«Bajo un simbólico nombre, aparecería, meses después, una suerte de selección...»
Términos más, términos menos, con estos modos comenzó Waldo González López (Puerto Padre, Las Tunas, 1946), sus comentarios de noviembre, diciembre y enero último para esta página, la misma que desde hace poco más de un lustro publica el presente formato de Alma Mater bajo la premisa de: «Si la librería te falla, la biblioteca te abrirá las puertas.»
Durante buena parte de ese tiempo, justo desde julio de 2000, ¡55 meses!, fueron el talento, la habilidad y el invariable espíritu crítico y literario de Waldo quienes mes tras mes, con solo cinco excepciones, desafiaron las exigencias de los seguidores del espacio.
Hoy le impusimos una sexta excepción a nuestro colegamigo —la voz es suya—, le «viramos la tortilla», y lo hicimos pasar de puntero a blanco, de mirador a mirilla: Waldo cumplió 60 años (enero de 2006), y quisimos agasajarlo en el mismo sitio que marcó con su impronta.
No sería el único cumplido que recibiría por esta fecha. Ediciones Unión lo homenajeó, en la sala Rubén Martínez Villena de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y para ello organizó un panel, sobre su obra, a cargo de Virgilio López Lemus, Roberto Manzano y Enrique Pérez Díaz.
Virgilio López Lemus, además, presentó Estos versos que maldigo, un poemario de Waldo publicado por la propia Ediciones Unión, editorial que así reabrió su colección La Décima.
Sí, aunque por su extensión el currículum de Waldo es sencillamente «insoportable», en él despuntan el cultivo de la poesía, en particular de la décima, y su sagacidad como antólogo: ha publicado, entre otras obras, una docena de poemarios, tan alegres como caballerescos, y 30 antologías de poesía y poesía para niños, décima y décima para niños, cuento y teatro.
Anteriores y cercanos a Estos versos que maldigo —ardiente y honda «autoantología»—, se encuentran, salvajes, vitales y nostálgicos, Estos malditos versos (Casa Maya de la Poesía, Campeche, 1999), un volumen prologado por el amigo de Cuba, poeta y ensayista mexicano Brígido Redondo (Premio Vasconcelos 2003) que despertó gran interés.
«Por este libro suyo veo con qué holgura se mueve usted en la décima; lo felicito», le escribió Roberto Fernández Retamar, Premio Nacional de Literatura. «Este es un decimario inesperado, con toques meritorios de exquisita poesía», declaró en la presentación de la obra el poeta-decimista Adolfo Martí Fuentes. «No entiendo cómo en tu maratónica vida multifacética..., tienes tiempo para sorprendernos a cada rato con nuevos libros de poesía, incluidos los de la indómita décima, de difícil brida en sus octosílabos selváticos», le comunicó Renael González Batista, otro destacado cultivador del género.
Pero Estos versos que maldigo son «algo más» que sus antecesores: son un remake con sabor criollo, corregido y actualizado, de aquellos «malditos versos», una versión marcada por la amistad y el amor de dos seres «volanderos» en la vida del autor: el ya mencionado Virgilio López, y la editora y escritora Mayra Hernández, la esposa de Waldo. A ellos tres, a Waldo, Mayra y Virgilio, se debe el trucaje del título: la modificación de un sentimiento o imagen, en este caso la del hombre que maldice (junto), y hasta quizás mal dice (separado) sus versos, para expresar otra realidad, distinta, contraria.
Si maldecir es decir faltas o defectos, y expresar ira o enfado contra una circunstancia, una persona o una cosa, entonces Waldo solo renegaría de sus versos de la boca para fuera. No sería de otro modo, tratándose de una «autoselección» que él mismo preparó camino de su aniversario. ¡Felicidades, Waldo! Alma Mater agradece la colaboración.
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