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Actualizada: octubre/2005

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El Libro
MUSSOLINI QUISO IMPLANTAR EL FASCISMO EN CUBA

Revela un nuevo libro de los investigadores cubanos Adys Cupull y Froilán González que publica Casa Editorial Abril.

El gobierno del dictador italiano Benito Mussolini trabajó para convertir a Cuba en el primer estado fascista de América Latina.

El libro, titulado "Julio Antonio Mella y Tina Modotti contra el Fascismo" devela mecanismos del dictador y una lista de sus agentes infiltrados en la Isla, al tiempo que otros asesinos suyos seguían en México los pasos del luchador antiimperialista cubano Julio Antonio Mella y de su compañera.

Los historiadores Adys Cupull y Froilán González consultaron documentos de las décadas de los años 1920, 1930 y 1940, clasificados como secretos, confidenciales o reservados, extraídos de los Archivos de México, Italia y Cuba.

“Fueron ocho cajas referentes a Cuba y el fascismo las que encontramos en los archivos de la Secretaria de Relaciones Exteriores de Italia —expuso el escritor cubano—, con los cuales se descubrió la ardua labor de espionaje en México y Cuba que llevaban a cabo Mella y Tina Modotti en torno a la labor de protesta contra el fascismo”.

Al consultar el Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia y el Archivo Central del Estado en Roma, los escritores comprobaron que aunque sobre la época mencionada apenas había datosde Centroamérica, encontraron informes sobre Cuba elaborados por los embajadores de Mussolini en La Habana.

Según los investigadores, Mussolini intentó sentar las bases para implantar el fascismo en Cuba, por diversas vías, entre ellas la visita del barco Italia el 2 de septiembre de 1924, la creación de dos emisoras radiales, un periódico y una red de agentes fascistas, para influir en círculos políticos e intelectuales en varias provincias cubanas.

Contra el fascismo es una investigación que “nos reveló que Mussolini quería hacer de Cuba el primer Estado fascista de Latinoamérica”, comentó Froilán González, coautor de este libro.

Se trata de un compendio de revelaciones que fueron obtenidas a través de documentos secretos, gracias a facilidades otorgadas por diversas instituciones académicas y archivos de México, Italia y Cuba.

La importancia que Cuba tenía para Mussolini radicaba en que “la Isla y México tenían una situación común: son dos países que abren o detienen al mundo latino del anglosajón”, así lo refirió en un reporte, contenido en este libro, el embajador fascista en México en esos años.

Los autores de esta obra, relatan también la incansable lucha de Julio Antonio Mella y Tina Modotti por acabar con el régimen de Mussolini y por el cual muchas personas perdieron la vida de una forma violenta.

El libro es un completo compendio de publicaciones y periódicos que se emitían en Cuba, además de fotografías y ejemplares de todo lo que los inconformes escribían, folletos clandestinos, cuadernos y artículos, entre otros.

“Mussolini llegó a tener dos estaciones de radio y un periódico de fascistas, y sus dirigentes tenían una fuerte conexión con Nueva York y con la Ciudad de México”, expresó Froilan.

Hubo gran revuelo en torno al asesinato de Julio Antonio Mella, del cual fue acusada en un principio Tina Modotti, argumentando motivos pasionales. “Su entierro —comentó— fue una manifestación encabezada por Diego Rivera, quien afirmó que la culpa de este horrendo asesinato era del gobierno y la Embajada de Cuba, con la particularidad de que a sus espaldas se encontraban los Estados Unidos en su afán de imponer su política al mundo entero, acallando las voces de protesta como la de Mella”.

A muy temprana edad Mella se enfrentó y denunció públicamente lo que consideraba un ultraje para su nación: los intentos de alinear al fascismo a Cuba y el ingreso, bajo engaños, de delegaciones italianas a la Isla, su ímpetu por defender su patria de intervenciones autoritaristas extranjeras lo llevó a fundar agrupaciones comunistas y ligas antiimperialistas.

Mella trabajaba intensamente para organizar manifestaciones y convocando a los estudiantes y sociedad en general a protestar. Escribía boletines, artículos, muchos de ellos clandestinos, en los que denunciaba que “Mussolini era un Judas, por haber traicionado sus antiguos principio de libertad y justicia”.

Hasta su muerte siempre se vio ligado a Italia y no sólo por su afán de detener las actitudes de un personaje como Mussolini o su amor por la cultura milenaria del país europeo; sino también por su amor a Tina Modotti, una fotógrafa y periodista italiana que levantaba junto a él la bandera del antifascismo.



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