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DE CÓMO A GIBARA UNA NOCHE LA EMPAPELARON CON ALMA MATER
Por Jorge Sariol
El 30 de diciembre de1955 un grupo de revolucionarios de Gibara se reunían en secreto.
«Hemos recibido un paquete de proclamas que debemos repartir entre los militares» —dijo Roberto Garrido ante los conspiradores. «Son arengas que los exhortan a ocupar su puesto junto al pueblo. A algunos se las podemos hacer llegar personalmente; a otros, no podemos arriesgarnos, no hay confianza. Además, José Marcos Muñiz trajo de La Habana un montón de ejemplares de Alma Mater, el órgano de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), y vamos a pegarlos en las fachadas del juzgado, de La Junta Electoral y otros sitios. Oye, Perfec, te toca dejar las arengas debajo de las puertas de varios militares de la Marina de Guerra, este cuerpo mantiene una actitud más aceptable dentro de las Fuerzas Armadas. Coge también este paquete de Alma Mater para pegarlas en cuantas paredes puedas».
Alrededor de las once de la noche, Perfecto Siro Leyva Martínez, un joven gibareño y su compañera Miriam Labrada Escalona salieron por las calles de la ciudad con su carga. Miriam llevaba en una jaba de yarey una enorme lata de engrudo casero y una brocha de pintar con cal. En las fachadas del Centro de Veteranos, La Junta Electoral, en la sede del Juzgado Municipal y en el inmueble del Juzgado de Instrucción, iban quedando pegadas las hojas de Alma Mater, en las que podía leerse: ¡Batista, el pueblo de Cuba no te soporta más! Avanzada la noche, Perfecto toma una decisión: «Si la ronda policíaca se percata de lo que hacemos antes de que se nos acabe el paquete, se van a lanzar a la calle como fieras…así que, Miriam, mejor es que vayas para el cuartico y yo siga con las arengas y las Alma Mater que quedan. Empezaré por donde vive el jefe de la Capitanía del Puerto».
Al apartamento del jefe marítimo, en el Edificio «Ceñal», llega el joven. Un perro comienza a ladrar. Mala «señal». Acelera el paso. Allí mismo, en el segundo piso, vive el cabo Cunill. Le deja también su correspondiente arenga, con su Alma Mater convoyada. Sigue, pues muy cerca viven los marineros Barea, Zoilo y Escalona. Todo bien, pero le falta el sargento telegrafista Nereo Blanco Oviedo, que vive frente al Parque de las Madres y cerca del Puesto de la Marina. «Dicen que es muy buena gente —piensa—, ¡dicen!, pero… ¿un sargento?… ¡quién sabe!».
Hoy Perfecto rememora con nitidez como en el silencio de la noche se escuchaba solo el susurro del aire entrando por entre las ramas de los pinos y las pencas de los cocoteros del parque. Recuerda que había nada más un poste de alumbrado eléctrico frente a donde vivía el sargento Blanco Oviedo, una edificación propiedad de Francisco García, encargado de la programación de las películas que pasaban en el Cine-Teatro Unión Club, de Gibara. Entonces la entrada tenía una puerta enorme.
«No hay problemas, ¡al objetivo!» se da ánimo el Perfec. Se agacha con la proclama dispuesta justo en el momento cuando se abre la puerta.
Bajo el dintel está parado el mismísimo sargento. ¡Cómo coño iba a saber Perfecto que el tipo salía a esa misma hora para la guardia en su puesto de telegrafista! «Quécaráj…» Cuando el militar terminó la frase «…jotúestáshaciendo!» ya el joven ha dado vuelta de 90 grados e inicia el despegue de un brinco que con la energía de sus 18 años debiera darle al menos cinco metros de ventaja, pero siente en el cuello de la camisa la mano del sargento con la misma intensidad que un «frío» en medio del estómago. La persecución sigue en plena calle. El Perfec sabe que está corriendo mucho porque el aire de la madrugada le zumba en las orejas con un silbido que en su vida había oído. Después de varias cuadras, en una esquina vuelve la vista y se sorprende; lleva un buen rato en escapada solitaria. Sigue la carrera pero más suave, y va pensando: … «frente a la casa del sargento quedó un “pequeño reguero” de proclamas y “Almamaters”; además me vio la cara, así que cuando amanezca y vea un montón de fachadas gibareñas con la primera plana pegada con buen engrudo… la cuenta le va a dar exacta».
Por la mañana, con su mejor cara de yo-no-fui, acompañado del mismo frío en el estómago de la noche anterior, va a su trabajo como bracero-estibador de la Agencia de ventas Cervezas Hatuey, y refrescos Materva y Salutaris. Con todo, se ríe para sus adentros cuando escucha el cometario caliente en la calle sobre los locos que por la madrugá empapelaron Gibara con el periódico de la FEU. A la hora del almuerzo, Perfecto sale un rato. A dos metros de la entrada de la Oficina de Correos, la sorpresa…coñó, viene el sargento por la misma acera, en sentido contrario pero en innegable dirección a mí. Lo único que se le ocurre al joven, para despedirse de la vida, es mandarse una carta a sí mismo… Entra en el correo… De espaldas a la entrada, se para ante las clásicas gavetas de los Apartados…Está mirando… ná, francamente.
Una mano firme pero no agresiva se posa en su hombro.
El frío es ya un glacial. Se da la vuelta ineludible.
«Oiga, usted» —le dice el sargento, casi sin mover los labios— «la próxima me las entregan en la mano pero siempre con muuuuuuucho cuidado!».
Y luego, mirando para ambos lados:
— «¡De esa forma no, compay, que me comprometes!».
Al triunfo de la Revolución, los rebeldes encontraron en la Estación de la Policía de Gibara (arch # 277-4) un informe —Asunto: Propaganda Subversiva— fechado el 31 de diciembre de 1955 en el que el jefe de Sección Gibara, capitán de la 7 división de la Policía, José A. Hernández, M.P., daba cuenta al capitán ayudante de la 7ma. División PN de Holguín (sic):
1. «Adjunto tengo el honor de remitir a usted, dos ejemplares (hojas sueltas) del periódico Alma Mater, órgano oficial de la FEU, los que fueron ocupados por miembros de la policía de esta unidad, en la fachada de algunos edificios, tales como juzgados, centro de veteranos, etc., desconociéndose hasta el momento quienes fueron los autores de haberlos fijado.
2. Se practican las investigaciones pertinentes a fin de conocer quienes son los autoresy proceder en consecuencia contra los mismos.
De usted respetuosamente
«POR LA LIBERTAD DE CUBA».
Nunca se encontró evidencias de que algún miembro de la Marina de Guerra notificara por escrito haber recibido esa noche propaganda revolucionaria. |