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VIOLENCIA VS CONCIENCIA
Por Kalika Kofi
Ilustración Amilkar
Como se habría querido hacer ver, ráfagas meridianas de terrorismo habrían soplado en los últimos tiempos desde el País Vasco, Irlanda del Norte, Serbia y Montenegro, República Árabe Saharaui, Libia, Sudán, Palestina, Siria, Chechenia, Iraq, Irán, Afganistán, Sri Lanka, Indonesia, Corea del Norte y hasta de Cuba.
Entonces, las prácticas violentas habrían sido planeadas por organizaciones diversas —ETA, el Frente POLISARIO, la OLP, el Talibán, Al Qaeda, y el PCC, entre otros— y por hombres de credos dispares —Yaser Arafat, Osama bin Laden, Mohamed Omar y Fidel Castro. (¿?)
Salta a la vista que las distintas formas de lucha social empleadas por los hombres, organizaciones y pueblos del mundo, no siempre se desatan por iniciativa de los más pobres, ni todas hallan su explicación en el padecimiento de la pobreza. Más bien otro elemento suele hacerse presente: la conciencia de la dignidad ultrajada.
Ni se debe ni se puede aceptar el terrorismo como una forma de lucha válida, pero el hecho es que cierto terrorismo nace cuando determinado grupo social comprende que su dignidad colectiva fue, está y seguirá siendo víctima de una agresión externa, se halla en un contexto crítico, de «bloqueo» total, y no vislumbra otra salida.
Venga de donde venga, no hay terrorismo bueno o malo, matar inocentes es ética y absolutamente inaceptable, no puede ser otro el juicio moral, todo terrorismo es condenable, pero se debe de tener un juicio político: es obvio que el terrorismo al que echan mano algunos de estos pueblos —¿forzosamente fundamentalista?—, no se equipara con la violencia sistemática de los Estados «mastodónticos y seculares».
Volviendo sobre el gozne chirriante entre pobreza y violencia, es preciso recapitular e insistir en que: «Primero, la pobreza no es un hecho natural, sino social; segundo, la pobreza se construye según la lógica del Sistema; y, tercero, aún cuando no tenemos por qué considerar como terroristas a las mil trescientas millones de personas que viven en la pobreza —según la definición del Banco Mundial (BM), las que perciben menos de dos dólares diarios—, es explicable que su toma de conciencia sobre la opresión política y cultural a que están sometidas, sea presunta fuente de terrorismo.»
Puede decirse que, de forma indirecta, no automática, hay cierto nexo pobreza-terrorismo, ora impreciso, ora anónimo.
DESIGUALDAD DESEMEJANTE
¿Cuál sería la diferencia entre el terrorismo de Estado y el forzosamente fundamentalista? Ante todo se debería de definir qué se entiende por terrorismo a secas, noción que alude a la concepción y práctica de toda forma de lucha política que use el terror, el miedo, la intimidación, la violencia, para obtener cambios sociales, políticos o institucionales, y de la cual es víctima un indistinto número de personas ajenas al lance.
Al terrorista poco le importa la secuela o efecto de sus actos sobre esos inocentes, y mientras, tampoco se da cuenta, ¡ciega medianía!, de que sus métodos son contraproducentes, que consiguen alcances contrarios a los pretendidos: legitiman al enemigo, le dan autenticidad a la respuesta del adversario, justifican la reacción desmedida del antagonista.
Los ataques del 11 de septiembre de 2001 a las torres del World Trade Center de Nueva York, y al edificio del Pentágono en Washington, le sirvieron al presidente norteamericano George W. Bush, en bandeja de plata, la posibilidad de iniciar su «cruzada antiterrorista», fachada del restablecimiento de la hegemonía mundial imperial.
Luego, se han dado casos donde los terroristas, al colocar bombas y otros artefactos, por ejemplo, en medios de transporte público, le arrebataron la vida, sin siquiera sospecharlo, a sus propios partidarios o simpatizantes. Ese es el fruto de la violencia irreflexiva, a ciegas. El que a hierro mata, dice el refrán...
Más volvamos sobre la diferencia entre el terrorismo de Estado y el forzosamente fundamentalista. El terrorismo de Estado es más que el fruto de una revuelta espontánea de grupos sociales agredidos: lo organiza, de modo sistemático, con metas bien definidas, ¡el mismísimo Estado! ¡Qué vergüenza!
«El terrorismo de Estado significa la defensa de los poderosos contra cualquier posibilidad de transformar el Sistema que pudiesen tener otros grupos o fuerzas humanas.»
El terrorismo de Estado siempre fue, es y será el terrorismo de los potentados, de los pudientes, de los ricos, contra todo estallido, revuelta o concienciación de los pobres.
Luchar contra la pobreza significa, así, luchar contra la riqueza, pero también implica luchar contra la violencia de los pudientes, de los ricos, es decir, contra el terrorismo de Estado.
Kofi, Kalika. «El rico de Houtart», entrevista inédita con el teólogo belga P. François Houtart, La Habana, 27 de octubre de 2005.
Idem.
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