LA SOCIEDAD
CUBANA ANTE LA HOMOSEXUALIDAD
Más relajados.
No más tolerantes.
Alcanzar
todo el respeto a los derechos y a
la dignidad de los homosexuales cubanos
no es empresa fácil. Pero no
parece humano esperar otro siglo para
que una suerte de “evolución
natural” haga justicia. La emancipación
plena de los gays y lesbianas en Cuba,
implica también promover y
lograr cambios en el imaginario de
una sociedad que todavía no
acepta la homosexualidad aunque se
sienta más relajada que antaño
ante la presencia de este “fenómeno”.
Sin embargo, Mariela Castro Espín,
directora del Centro Nacional de Educación
Sexual (CENESEX), en entrevista con
Alma Mater, cree que “hoy estamos
en el momento más oportuno
para que los homosexuales ganen mayor
espacio y representatividad en la
sociedad cubana”. |
Por
Eduardo Jiménez García
-¿Considera
que los 90 hallan inaugurado una etapa de
mayor tolerancia social con respecto a la
homosexualidad en Cuba?
-Siento que sí, que la gente está
un poco más relajada, tanto en lo
público como en la familia, ante
la presencia homosexual, pero sólo
ligeramente relajada, no más tolerante.
Hay que trabajar mucho más en nuestra
sociedad, para que esta “relajación”
implique un verdadero respeto, bien elaborado
hacia la diversidad sexual. La sexualidad
es más
compleja que lo que la ciencia ha podido
aportar, y que lo que nos podemos imaginar.
Por esa razón debemos ser muy cuidadosos
en las decisiones que se tomen al respecto.
Yo
no cuento con datos estadísticos
ni otras informaciones científicas
para demostrar que hay mayor tolerancia,
porque de ese tema en específico
no hay investigaciones en nuestro país.
Sin embargo puedo acercarme a ese fenómeno
desde la percepción que como profesional
y como individuo tengo. Creo que, ciertamente,
desde la década de los 90 hay una
mayor aceptación de la presencia
de personas homosexuales por parte de la
población y de las instituciones
públicas. Eso no quiere decir que
la contradicción esté resuelta
a niveles micro y macro sociales.
A nivel macrosocial me parece que estamos
en un buen momento para que se implementen
políticas más explícitas
con respecto a la defensa de los derechos
de los y las homosexuales, de manera que
podamos enfrentar mejor cualquier manifestación
de discriminación por cuestiones
de orientación sexual.
Ya
en los años 70, dentro de reformas
que se hicieron al Código penal,
se eliminó al homosexual como figura
delictiva; cualquier palabra que pudiera
discriminar a los homosexuales, fue modificada.
Sin embargo, eso no es suficiente, porque
creo que nuestras leyes deben reflejar más
y mejor el respeto que merecen las personas
homosexuales.
A nivel microsocial hace falta un trabajo
más profundo y profesional, porque
se trata de cambiar estructuras mentales,
modificar el imaginario social. Por eso
un intento tan humanista como lograr mayor
respeto para los derechos de las personas
de orientación homosexual, lo identifico
con la batalla de ideas que hoy se libra
en nuestra sociedad. Pienso que esa batalla
en el campo de la cultura, de la política
debiera incluir esa necesidad, porque significaría
más fortaleza cultural, social e
ideológica para la Revolución.
-¿Es una propuesta?
-Sí. Una propuesta que hago desde
mi responsabilidad como Directora del Centro
Nacional de Educación Sexual en los
espacios pertinentes para realizar este
tipo de análisis y te aseguro que
ha llegado a oídos receptivos. Esta
sugerencia no está alejada en lo
más mínimo de la espiritualidad
de la Revolución, ni de todo el proceso
que se ha dado en llamar La batalla de ideas.
Sería magnífico que se lograra
impulsar un trabajo intersectorial a profundidad
en este tema, para que la sociedad cubana
desarrolle una cultura de la sexualidad
más sana, más equitativa,
que ayude a superar creencias erróneas
y prejuicios ancestrales, con énfasis
en la orientación sexual. Algo así
haría que la Revolución sea
aún más consecuente con su
ética humanista, porque la Revolución
cubana se ha hecho con la participación
de todas y de todos los cubanos que se han
identificado con las conquistas y los sueños
de este proyecto social; y en él
han participado también personas
de orientación sexual diversa. Entonces
no sería justo que los y las homosexuales
fuesen lastimados en su dignidad por ancestrales
tabúes. Por esas razones creo que
esta es una tarea fundamental en la que
hay que trabajar más.
-¿Cómo cree que deban
reflejar mejor nuestras leyes el respeto
a los derechos de los homosexuales?
-En la Constitución de la República
todas las personas están amparadas
independientemente de su raza, su sexo,
su edad... y, obviamente, ese amparo incluye
a las personas homosexuales aunque no de
manera explícita. (cuando se explicita
algo así se está reconociendo
la necesidad de evitar algún tipo
de discriminación como la racial,
la de la mujer). Por eso, en mi modesta
opinión, cuando algún día
se le vayan a hacer cambios a la letra de
la Constitución, incluiría,
explicitaría, la orientación
sexual, así como se hace con la condición
racial, femenina o etárea. Esto no
lo considero una urgencia, pero sí
creo que en nuestras leyes debemos ser con
respecto a ese asunto más claros,
más evidentes, no sólo para
proteger de la discriminación a estas
personas dentro de las instituciones públicas,
sino también dentro de la institución
familiar, porque es allí en muchas
ocasiones donde por primera vez resulta
transgredida la persona homosexual.
Una de las experiencias más desestructurantes
para la personalidad y para la salud mental
del ser humano, es el haber sido rechazado
pro su propio grupo familiar, y más
aún cuando ocurre por razones que
el individuo no ha elegido, es decir por
su orientación sexual.
-¿Por qué cree que
la comunidad gay en Cuba no ha logrado organizarse
como en otros países para demandar
mayores espacios y respeto a nivel social,
entre otras reivindicaciones?
-Creo que la dificultad mayor es que no
existe un proyecto convincente y unificador,
porque los y las homosexuales son tan heterogéneos
como los y las heterosexuales. Sin embargo,
no veo en esto una incapacidad, sino una
realidad muy compleja. También se
debería contar con los apoyos del
resto de la sociedad civil cubana, una sociedad
todavía muy permeada por prejuicios
sexuales.
Pero más que organizarse, considero
que los gay y las lesbianas debieran intentar
una estrategia de integración mayor
a los espacios sociales, porque “organizarse”
también podría conducir a
un episodio de autosegregación, de
aislamiento, y no de mayor vinculación
social y naturalización de su condición
sexual al interior de la sociedad. Pienso
que los y las homosexuales deberían
participar más en los distintos espacios
de discusión sociales y políticos
que existen en Cuba, a pesar de los prejuicios,
para dar a conocer su verdad, sus legítimas
necesidades de igualdad, su credo, y buscar
el apoyo de la comunidad científica,
con el fin de aportar argumentos que sirvan
para instituir los cambios que sean necesarios
dar en la sociedad y que además sean
justos. Pienso que esa estrategia tendría
un mayor efecto y sería más
saludable.
Creo que hoy estamos en un momento muy oportuno
para que las personas de orientación
homosexual sean mejor comprendidas e integradas
en diferentes ámbitos de nuestra
sociedad.