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MAX LESNIK
EL PRIVILEGIO DE DECIR SE PIENSA
Por Hilario Roseta Silva
El atrio del Hotel Nacional de Cuba hervía de cinefilia. Asistíamos al seminario sobre Diversidad cultural, evento del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. «¿Conocen a este señor?», nos preguntó un amigo. «¡Max Lesnik, el director de Radio Miami!», saltamos de entusiasmo, «¿quisiera usted conversar con Alma Mater?»
El colega no ofreció resistencia. Nacido en San Antonio de las Vueltas (1930), pueblo de la provincia de Las Villas —actual municipio santaclareño de Camajuaní—, pronto evocó su paso por la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana (UH, 1948), y afirmó que la Jurisprudencia era la ciencia del momento, y que los estudiantes dados a escribir y publicar siempre contaron con esta, la revista fundada por Mella.
Presidente en su día de la Juventud Ortodoxa, y hoy cabeza visible de la sui géneris emisión radial, abandonó la Isla por razones políticas en 1961, la visitó por primera vez en 1978, y no volvió hasta los noventa. Desde entonces sus viajes son frecuentes, en actitud solidaria, para conocer la verdad: su estatus de periodista le concede esa prerrogativa, amén de las leyes anticubanas aprobadas en Estados Unidos.
Emigrado y todo, aseveró que nunca se convirtió en traidor. Al cumplir los 30 años pensaba que la Revolución cubana no debía alinearse ni con Washington ni con Moscú, y ahora, rayando los 75, es un paladín de la lucha contra el bloqueo y el terrorismo, un defensor de los cinco compatriotas presos en cárceles norteamericanas.
Está convencido de que, con independencia de la edad, el hombre nunca deja de ser un estudiante. De la histórica Colina salvaría el banco de la plaza Ignacio Agramonte que mira a la Facultad de Derecho. Allí se habrían gestado todos los grandes movimientos universitarios: «Si el banco ya hubiese estado ahí en la época de Mella, la idea de la creación de la FEU habría surgido en torno a él.»
...Ni son todos los que están
En 1948, año de su ingreso en la Universidad, ¿circulaba la revista Alma Mater?
Durante los gobiernos del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), de 1944 a 1952, la revista seguiría existiendo, pero solo después del golpe de Estado de Batista —marzo de 1952—, convirtiéndose en esencial vehículo de denuncia de la tiranía por parte del estudiantado, recobró, para la generación de los cincuenta, la estatura que ya había alcanzado en la década del 30 cuando arremetía contra Machado.
¿Cómo se vinculó usted con ella?
Como colaborador y, en el cincuentitanto, como repartidor. Este es un elemento que deseo subrayar. Por lo general los redactores y directores de los medios no se encargan de su distribución, sin embargo, los hacedores de Alma Mater salían a la calle para repartirla. ¡Hasta el propio José Antonio Echeverría la habría distribuido!
Dijo que colaboró con la revista, ¿significa que escribió para ella?
Sí, aunque no firmara con mis apellidos. Muchas colaboraciones eran anónimas, el proceder evitaba ligar una publicación universitaria con el nombre de personas cuyos ideales políticos ya eran de dominio público. Lo mismo hacían los miembros del Partido Socialista Popular (PSP, heredero del primer Partido Comunista) y de su Juventud.
¿Recuerda alguna colaboración suya?
Debe de haber una, sin firmar, en relación con un mitin que organizó la FEU por el alza de las tarifas eléctricas. Eso ocurrió en el gobierno de Carlos Prío (1948/1952). No recuerdo a qué persona le entregué las cuartillas, ni si el manifiesto fue publicado antes o después de la protesta.
¿En qué consistió el mitin?
Se denominó «Una noche sin K-listo», en alusión al símbolo de la Compañía Cubana de Electricidad, un muñequito en forma de relámpago, con un bombillo por cabeza, llamado K-listo Kilowatt. Realizamos un acto, a oscuras, en la escalinata. Cada estudiante llevó una «chismosa», especie de lámpara improvisada con dos latas, una mecha y un poco de combustible. En fotos publicadas entonces se ve la Universidad sembrada de lucecitas. Por esa misma época la FEU organizó otros mítines de protesta por el aumento del precio del pasaje en los ómnibus urbanos y por la subida del precio de la carne.
¿Usted fue líder de la FEU o de la Juventud Ortodoxa?
En todas las actividades participaban tanto los estudiantes y dirigentes estudiantiles de la FEU, como los miembros de las juventudes Socialista y Ortodoxa. De esta última yo llegué a ser presidente. Hace poco se publicó un libro sobre el gangsterismo en Cuba, o sobre el «bonchismo», no recuerdo el autor, (1) y en uno de sus capítulos, contentivo de un documento donde se relacionan los presidentes de la FEU en las 13 Escuelas de la Universidad, figuramos Alfredo Guevara y yo. El autor no explica por qué estos dos nombres se hallan en la lista, aún cuando nosotros no ocupábamos ningún cargo en la Federación. Y es que éramos los representantes respectivos de las juventudes Socialista y Ortodoxa ante la FEU.
El precio de la diferencia
¿Cuáles otros mítines o manifestaciones recuerda?
Tras el golpe del 10 de marzo, los estudiantes, luego de ocupar la Colina por varios días, velaron simbólicamente la Constitución de 1940 —Batista la había asesinado— y la llevaron a enterrar (6 de abril) a la Fragua Martiana. Unos días más, al reanudarse las clases (29 de abril), situaron libros de firma al pie de la escalinata. La jura y recogida de rúbricas con la que el pueblo respaldó la Carta duró más de un mes. Delegados de la FEU organizaron actos similares en toda Cuba. También fue histórica la protesta por la profanación del busto de Mella que la FEU había colocado en el cruce de las calles de San Lázaro y L. Muchos recordarán la marcha que partió de la escalinata y llegó hasta Prado y San Lázaro, cerca del monumento a los Mártires de 1871. Ese día (15 de enero de 1953) fue herido de muerte Rubén Batista Rubio, primer mártir de la dictadura. Alma Mater quiso que uno de sus números fuese una acusación directa del crimen. (2)
¿Usted se mantiene actualizado sobre la realidad de los universitarios cubanos?
No todo lo que quisiera. Mas creo que los estudiantes de hoy deben estar empapados de la realidad histórica universitaria. Mi pertenencia y conocimiento de la tradición me llevó a combatir el embargo y el terrorismo, ¡desde los EE.UU!, y a defender la causa de los Cinco Héroes encarcelados allí.
¿Cómo convencer al lector de que el emigrado Max Lesnik es un patriota?
Salí de Cuba en 1961 por razones políticas, por disconformidad con situaciones que vivía la Isla, mas nunca me convertí en traidor, ni en instrumento de la política yanqui contra el país. Cuando uno tiene una idea, una convicción, suele aferrarse a ella. Eso fue lo que me sucedió contando 30 años. Yo era de los que decía que la Revolución cubana no debía de hacerse ni con Washington ni con Moscú, y como esta adoptara una línea de ayuda mutua con la URSS, lo consideré inaceptable. Con el tiempo recapacité: dicha postura era idealista; de haberse seguido mi patrón, EE.UU. se hubiera tragado a Cuba.
¿Usted era anticomunista?
Nunca lo fui. Mis mejores amigos de la Universidad fueron los comunistas. Comunistas y ortodoxos colaborabamos en todos los planes, lo prueba el documento publicado en aquel libro sobre el gangsterismo. Cualquier viejo militante certificaría cuán estrecha fue mi relación con ciertos sectores del PSP, aunque con otros fue pésima.
¿Cuáles fueron esos otros sectores?
Destaca el liderado por Aníbal Escalante. El punto que determinó mi salida de Cuba fue una polémica que sostuve por la emisora Cadena Oriental de Radio (Radio Mambí), con los entonces dirigentes de la Juventud Socialista. El programa de los jóvenes socialistas lo dirigían Niurka Escalante, hija de Aníbal, envuelta luego en la microfracción, (3) e Isidoro Malmierca, (4) después Ministro de Exteriores. Ahí surgió una diferencia pública que cerró para mí toda posible colaboración: ¡decidí irme del país!
Un luchador de miedo
En Estados Unidos, ¿dónde se refugió?
El mejor refugio de un político mientras no puede hacer política, es el periodismo. Salvando las distancias, así lo hizo Martí, y Mella no se quedó atrás...
¿Pero usted no era abogado? ¿No había ingresado en la Escuela de Derecho en 1948?
El 10 de marzo lo complicó todo. La dictadura no aceptaba mi condición de estudiante, decía que yo era un agitador, que solo iba a la Universidad a instigar a los estudiantes para que protestaran contra el régimen. Nunca terminé la carrera.
En Norteamérica, ¿militó en alguna organización?
En ninguna. La totalidad de los grupos opuestos al curso que tomaba la Revolución, ya desde Cuba estaban controlados por la CIA. En aquel escenario era imposible crear una entidad independiente. Aún del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), fundado por Manuel Ray, ex ministro de Obras Públicas del gobierno revolucionario, se supo que estuvo bajo el control de la Agencia. El ejercicio del periodismo era una fórmula inmejorable para no caer en la trampa. Así fundé un pequeño diario, Réplica, en respuesta a los batistianos que usurpando la obra de Martí imprimieron una publicación llamada Patria; más tarde edité una revista, que también se llamó Réplica; y luego hice un programa radial. Hoy dirijo Radio Miami (www.radiomiami.com), un espacio alternativo en el mundo revuelto y brutal de aquella ciudad.
En su «réplica» de tantos años, ¿cuáles fueron los tiempos de mayor sobrecogimiento?
Uno de ellos me sobrevino por los días del ajusticiamiento del coronel Antonio Blanco Rico, ejecutado por el Directorio Revolucionario (el 27 de octubre de 1956) cuando el jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) salía del cabaret Montmartre. Horas antes yo me había encontrado a los futuros partícipes de la acción en el centro de El Vedado, ellos (Juan Pedro Carbó, Rolando Cubela, Miguel Domínguez y José Fernández de Cossío) eran mis amigos, y, sin sospechar de sus planes, los invité a subir a mi convertible. Esa noche, después de llevarlos a buscar un arma y de tomarnos una cerveza en La Palmera, un restaurante sito en L y 21, se despidieron en una forma un tanto extraña: «¡No vayas a dormir a tu casa!» Pero yo no les hice caso y... ¡por poco me despachan! ¡Me llevé un buen susto!
¿Por qué?, ¿qué sucedió?
Yo tenía un acuerdo amistoso con Jorge Bourbakis, el entonces director de Radio Reloj. El primero que se enterara de cualquier novedad ocurrida en La Habana llamaría al otro. A las tres de la madrugada me llamó Bourbakis por teléfono: «¡Mataron a Blanco Rico en el Montmartre!» Y yo, a mi esposa: «¡Me voy de aquí, fueron los muchachos con los que estuve anoche!» Casi saliendo yo por la puerta de mi casa, llegaron los carros del SIM. Mientras caminaba por la calle E, solitaria y silenciosa, en busca de refugio en lo de un amigo..., ¡sentí miedo!: ¡un miedo indomable!
Los aperos del periodista
De su estancia en Miami, ¿recuerda otro instante angustioso?
La extrema derecha terrorista siempre quiso torpedear a la revista Réplica. Un día me llamó mi mujer, «hay una gotera en el techo», y mandó a buscar a un techador. El hombre revisó la azotea y bajó, «¡hay una bomba!». Mi esposa me avisó, yo me apuré en reunirme con ella, y tras varias pesquisas contacté con un amigo entendido en la desactivación de artefactos. Subimos juntos a la cubierta: «Tú no volarás por los cielos sin que yo esté contigo», le dije. Él puso manos a la obra y pronto me comentó: «Hay dos relojes, uno no estalló y el otro quizás sea una trampa, podría explosionar cuando intentemos inutilizarla, ¿nos la jugamos o llamamos a la policía?» Mi respuesta fue enérgica, «¡desármala!», mas confieso que mientras él neutralizaba el dispositivo... ¡yo sudaba!
¿Por qué no avisó a la fuerza pública?
La policía habría venido con gran parafernalia, la prensa se habría dado banquete, y los terroristas cumplirían su objetivo: estallara o no estallara el artefacto, habrían logrado intimidar a los redactores, anunciantes, y vendedores de la revista. En lo adelante podrían decirles, «a ustedes les pasará lo mismo que a Réplica». ¡No, no se podía avisar, era preciso desarmar la bomba sin ningún aspaviento!
¿Es Max Lesnik un caso aislado entre los emigrados cubanos en USA?
Nunca hay un movimiento con figuras de primera línea que no tenga detrás mucha gente, más de lo que sus enemigos reconocen. Cuando hago un comentario de radio y me enfrento a los adversarios de la nación cubana, me apoyan cientos de personas, unas en público, como los activistas de los mítines en la Alianza Martiana, y otras en privado, temerosos de represalias: allí se vive bajo constante intimidación.
¿Cuáles serían las represalias?
No son, necesariamente, amenazas de muerte, sino presiones sutiles, vinculadas con la psiquis humana. La mayoría de nosotros evitaría o disimularía la asunción de posturas consideradas peligrosas, arriesgadas, o que pueden resultarnos dañinas. Por expresar su desacuerdo con la política de EE.UU. hacia Cuba, por ejemplo, cualquier emigrado podría perder su empleo en una factoría de Miami.
Entonces, con o sin temor, ¿sobreviven allí otros tantos patriotas?
¡Muchísimos! Gozo del privilegio de hacer periodismo, mas confieso que no lo ejercería si no contase con el respaldo de ciertas zonas de opinión.
De tal forma, ¿se considera usted privilegiado?
¡Defender a Cuba en el exterior es un privilegio! Un periodista que se respete aprovecharía los instrumentos de su profesión para decir lo que piensa y lo que siente.
Notas
(1). Podría estarse refiriendo al popular ensayo El imperio de La Habana, Premio Casa de las Américas 1993 y Premio de la Crítica en 1994, del prestigioso narrador Enrique Cirules (Nuevitas, Camagüey, 1938).
(2). Se trata de la edición de febrero de 1953. El original llegó a nuestras manos gracias al cirujano-dentista Jorge L. Hernández, graduado de la Escuela de Odontología en 1959 y, desde entonces, vecino de Güines. El presente número de Alma Mater retoma elementos gráficos de aquel original.
(3). Grupo de línea extremista y sectaria que en los años sesenta promovió una fractura en la dirigencia de las fuerzas revolucionarias. Sus miembros se movían dentro de las filas de la Revolución. Sus críticas y opiniones, discrepantes de la línea del Partido, desembocaron en actividades conspirativas.
(4). IsidoroMalmierca Peoli(1930–2001). Destacado dirigente revolucionario. Entre 1976 y 1992 se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores de Cuba.
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