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UNA ELECCIÓN NATURAL

Por Hilario Rosete Silva
Foto: Marta Obes

Quiéralo ella o no, Concepción Campa Huergo, «Conchita», presidenta del Instituto Finlay, centro de investigación, desarrollo y producción de vacunas, se ha convertido en bandera visible de la introducción y generalización de la dieto-terapia en la Isla.

Doctora Honoris Causa de la Universidad de La Habana y del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara, e investigadora titular del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Cuba entera sigue teniéndola por jefa del colectivo que en los años 80 del siglo XX obtuvo la vacuna antimeningocóccica para los grupos BC –única en el mundo para el grupo B–, rampa de lanzamiento de la biotecnología cubana. No obstante, reiteramos, entre sus nuevas pasiones están los sistemasdieto-terapéuticos, y para hablar de ellos nos abrió espacio en su abultada agenda del día.

«Aunque el vocablo dieta denota, entre otras acepciones, privación de comer», puso Conchita el pan y la sal, «en términos médicos la palabra siempre significó un determinado régimen de alimentación, en particular el prescrito al paciente de una enfermedad.

«Si bien es adecuado que un enfermo siga el régimen indicado, mejor aún sería que los supuestamente sanos cumpliéramos dietas que nos evitaran las enfermedades.

«Así caemos en la esfera de la medicina preventiva, en el campo de la dieto-terapia, y entonces podría hablarse, por ejemplo, de un sistema macrobiótico.»

Por Macrobiótica se entiende el estilo de vida cuyo rasgo principal es una alimentación sana, que no ha sido sometida a ningún tratamiento químico, compuesta, en esencia, por cereales integrales, legumbres, hortalizas, y algas marinas.

La historia de la Macrobiótica es de fecha reciente en Cuba. Empezó cuando un grupo italiano de experiencia en el giro, teniendo en cuenta el avance de la Salud en la Isla, le propuso a nuestro Ministerio de Salud Pública, realizar ensayos clínicos en el país con pacientes diabéticos que siguieran este régimen de alimentación.

«Comenzó a hacerse realidad la tesis de que la dieta podía curar la diabetes», volvió a la carga Conchita, «de cinco diabéticos incluidos en el protocolo en un primer momento, hoy suman más de mil 200 los pacientes que recibieron los beneficios de este sistema de vida en el Instituto Finlay.

«Pero no es fácil seguir una dieto-terapia. Esta es transdisciplinal, está relacionada con la vida cotidiana, la cultura alimentaria –una entidad más fuerte de lo que cualquiera podría suponer–, la educación, la agricultura, el arte de cocinar, la familia, y la medicina: a los médicos les cuesta pensar y creer que con comida se puede curar, no siempre tienen en cuenta que también con comida se podría envenenar y hasta matar al ser humano.»

SABORES DE EQUILIBRIO

Durante cuatro años de práctica en Cuba se probó que la macrobiótica es una herramienta terapéutica efectiva, inocua, sencilla, más económica que la mayoría de las terapias convencionales. Es una dieta funcional, una segura alternativa alimenticia y nutricional, factible, sustentable.

«Impresiona el grado de complejidad implícito en la organización del sistema de vida macrobiótico, en los valores alimenticios y nutricionales de la dieta en sí, y en el abordaje básico científico de este régimen –abundó nuestra anfitriona.

«Hablando de dieta macrobiótica y ubicándonos en el medio ambiente corporal, estaríamos en presencia ya no del comúnmente llamado par redox (antioxidante), concepto hoy bien arraigado en las Ciencias de la Nutrición, sino de una gran familia de componentes, creadores de todo un ambiente hostil a la oxidación.»

Con frecuencia los análisis sobre dieto-terapia derivan no solo en juicios o valoraciones sobre la medicina preventiva, sino también sobre divulgación científico técnica, malos hábitos alimentarios, tratamiento de la hipertensión y la depresión, ejercicio físico, índole de los suelos y agua. La hiperactividad de ciertos grupos etáreos, ¿podría estar asociada a esos malos hábitos? ¿Qué y cómo comemos hoy? ¿Con qué aguas están siendo regadas las plantas de cuyos frutos comeremos mañana?

«No habría que temerle a los vegetales a causa de una posible mala calidad del agua», intervino Conchita. «Si consumiésemos alimentos seguros estaríamos más protegidos de los elementos tóxicos con los que interactuaríamos en circunstancias de contaminación.

«Y, ¡ojo!», agregó, «amén de la calidad del agua, también pesan, por ejemplo, la calidad del aire, o el influjo sobre plantas y animales de los desechos de la combustión automotriz: los problemas de seguridad alimentaria y nutricional cobran hoy jerarquía, más serían objeto de otro trabajo periodístico.»

¿Cuáles son los alimentos seguros? «Según su ph», explicó, «dividiríamos los alimentos en dos grupos, ácidos y alcalinos, es decir, en acidificantes y alcalinizantes. Pero hay un tercer grupo, aquellos que por sí solos o en armonía con otros, forman un medio corporal neutro, un ambiente que no tiene carácter ácido ni básico, cuyo ph se acerca al de la sangre (7,4, ligeramente alcalino). Esos, los neutros, son los alimentos seguros, y su consumo es una regla de oro de la dieta macrobiótica.»

No sería esta la única pauta: «Interesa la presencia de los cinco sabores básicos: salado, ácido, amargo, dulce, y picante. Un menú, para considerarse equilibrado, debía de incluir estos cinco: cada uno de ellos le comunica energía a los órganos vitales del cuerpo, a saber, respectivamente, al riñón, el hígado, el corazón, el vaso-páncreas, y el pulmón. Si uno de ellos no está presente, o si lo está en demasía, el sistema pierde equilibrio.»

PLENITUD Y HUMILDAD

Habló Conchita de productos seguros criollos, y les atribuyó rasgos humanos. «Tenemos al humilde arroz integral; si algún alimento es humilde, es el arroz. Las raciones de arroz se sirven de guarnición, acompañan a “algo” que, por opiniones erradas extendidas, es más importante que él, y sin embargo él es más importante que nadie; el arroz integral es el rey de la macrobiótica, el único alimento que ya cocinado tiene el ph igual al de la sangre, el único que no causa estrés. El arroz es una de las grandes culturas de la humanidad; gracias a él sobrevivieron grandes masas de pobres en el mundo, sobre todo en Asia. Del mismo modo en que al conjunto de la gente humilde de una población se le llama pueblo, así dentro de la comida el pueblo viene a ser el arroz.

«Ahí tenemos, además, la alegre zanahoria; la pícara cebolla y su congénere el rábano; la quieta y serena col; la siempre lozana lechuga; el vivaz dúo de apio y perejil; la maternal calabaza; los acuciosos pepinos; las gráciles algas; las simpáticas habichuelas; el té virtuoso; la amarga achicoria; y ¡los frijoles!, pacíficos y serviciales: los frijoles nos permiten vivir sin tener que matar animales para obtener las proteínas.»

El acercamiento a cualquier régimen dieto-terapéutico, contendría la parte económica. «No acepto la razón de que una dieta vegetariana es más cara que una dieta carnívora», se paró bonito Conchita, «ese suele ser el pretexto de quienes no quieren abstenerse de comer carne. El dinero que un ama de casa se gasta, por ejemplo, comprando picadillo, sería mejor gastarlo en vegetales: en pesos sería la misma inversión inicial, pero la ventaja en efectos sobre la salud estaría de parte de los vegetales, y eso al final hasta por concepto de ahorro de medicamentos los haría más rentables.»

Antes de despedirnos, Alma Mater le dio a Conchita la posibilidad de defenderse sobre las personas que, mal juzgando su delgadez, desestiman las bondades de este estilo de vida y la vitalidad que ella transpira: «Sin duda», respondió Conchita riéndose del qué dirán, «con las dietas se experimenta una pérdida de peso, sobre todo en los tiempos iniciales; en el acumulador de las grasas del cuerpo hay muchas toxinas, y al uno ingerir una dieta eliminadora de toxinas, primero pierde esa grasa, y luego la restituye. Ahora, al cubano le gusta la persona envuelta en carnes, no le gusta la persona delgada, ¡es un asunto de gusto!, y a mí lo que me gusta es sentirme bien. Lo primero es eso, sentirse bien, para después lucir bien. Yo nunca me he sentido tan bien como comiendo ese tipo de alimentos.

«Por eso defiendo este estilo y haré lo que esté a mi alcance por compartir dicha felicidad con quienes estén dispuestos a disfrutar de esta plenitud, de esta alegría, de este amor. Se simplifica y enriquece la vida cuando uno se alimenta de una forma sana.»

 


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Actualizada: 24 de marzo/2006