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VOCACIÓN:
¿nace o se hace?
Por Hilda Berdayes García
Al
margen de eruditas consideraciones psicosociales
y pedagógicas, lo que más preocupa a quienes aspiran
a la Universidad es definir su vocación, seleccionar
una carrera y lograr acceder a esta.
Pero,
la estadía en los institutos preuniversitarios
no solo permite a los jóvenes adquirir los conocimientos
necesarios y consolidar su cultura general. También
debe ayudarlos a madurar como individuos, para
asumir nuevos compromisos docentes y sociales,
y apoyarlos en su orientación vocacional.
Aunque
de manera general estos propósitos se cumplen
en los preuniversitarios del país, no en todos
la asesoría y captación hacia carreras universitarias
se realizan con profundidad y eficiencia. De ello,
de satisfacciones personales y juicios críticos
sobre el tema, hablan estas entrevistas hechas
al azar.
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| Para
Aliet Rodríguez la Estomatología
fue una revelación |
Aliet
Rodríguez Lezcano (tercer año de Estomatología,
Facultad Ernesto Guevara. Pinar del Río).
Desde pequeño tenía fijación con la Medicina.
Estudié en el pre vocacional Federico Engels,
en Pinar del Río, donde recibí buena orientación.
Estomatología no me interesaba. Pero, estando
en duodécimo grado, conocí a una muchacha que
la estudiaba y me explicó muchas de sus características.
Me entusiasmé, la elegí en primera opción y no
me arrepiento. Lo que más me gusta es su arte
manual y que es más constructiva que la Medicina.
El estomatólogo no solo cura, sino que modela
deficiencias dentarias y maxilofaciales como un
escultor. En mi caso no fue la escuela, sino una
amiga, la que me convenció. Pero creo que sí,
que se debe profundizar más en la asesoría y orientación
de los estudiantes.
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Inspirada
en una telenovela, Giselle Martínez
eligió Psicología |
Giselle
Martínez Pedrera (segundo año, Facultad de Psicología).
Siempre sentí inclinación por las carreras de
Humanidades. Cuando estaba en onceno grado me
fascinó el trabajo de los psicólogos que protagonizaban
la novela Violetas de agua y decidí estudiar
esa especialidad. Solo conocía su parte clínica.
Aquí, en la Facultad, fue donde conocí todos los
perfiles de la psicología, que además de la clínica
abarca la atención a deportistas, el trabajo penal
y jurídico, la detección de problemas de aprendizaje
y la educación especializada.
Ya
en el duodécimo grado veíamos el programa educativo
Mi TV, para la orientación y cultura general.
Profundizaban más en especialidades como Biología,
Veterinaria, Agronomía y otras afines... Pero
las carreras de Humanidades y la de Derecho, que
también me gusta mucho, no se mencionaban. Por
eso considero que es necesario instruir más a
los alumnos de preuniversitario para ayudarlos
a definir bien su vocación. Hay quien empieza
la carrera con una idea y después las cosas resultan
diferentes. Vienen entonces las frustraciones
y hasta las deserciones. Yo tuve suerte. Ingresé
en la carrera que me gusta y la realidad superó
mis expectativas.
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| Aunque
polifacético, Adrián Gómez
prefirió la Medicina |
Adrián
Gómez Collantes (quinto año, Facultad de Medicina
del hospital Julio Trigo). Provengo de Santiago
de Cuba, pero hice el pre en el Instituto de Ciencias
Exactas Vladimir Ilich Lenin. Allí te preguntaban
por tus aspiraciones profesionales y, de acuerdo
con ellas, te dirigían los estudios e impartían
con más rigor las materias afines.
Yo,
desde el inicio elegí, la Medicina. Pero, como
siempre estaba «pegado» a la computadora, varios
profesores de la Lenin me aconsejaban que me dedicara
a la Informática. También me atraían mucho los
problemas ecológicos y por eso el profe de Biología
me decía que estudiara esa especialidad. Esto
demuestra la preocupación del claustro de la Lenin
de aquellos años para orientar la vocación de
sus alumnos. Nos visitaban profesores universitarios
que brindaban una explicación muy completa del
contenido de las carreras y de las plazas laborales
que podíamos ocupar... Por eso, a pesar de mis
inclinaciones hacia varias especialidades, seleccioné
Medicina muy convencido de lo que quería lograr.
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Irving
Martínez considera excelente el trabajo
vocacional de las escuelas militares |
Irving
Martínez Ponce (cuarto año, Facultad de Derecho).
Escogí Derecho porque se avenía a mis aptitudes.
Me gusta la oratoria, tengo buena memoria y desenvolvimiento
escénico. Pero la preparación en el pre no fue
tan puntual en lo que respecta al perfil de la
carrera. Sabía que se trataba de personas que
hacían cumplir las leyes, pero desconocía las
especificidades. Yo tuve la ventaja de que en
mis tiempos existían las pruebas de aptitud que
redondeaban los conocimientos y facilitaban la
captación.
Considero
que a los alumnos del primer año de la Universidad
les falta orientación sobre lo que van a recibir
en la carrera y las posibilidades de esta. Pienso
que se debe tomar como ejemplo el trabajo vocacional
que se hace en las escuelas militares, donde laboran
muy a fondo en la captación para las especialidades.
Descubrir
la vocación y materializarla puede ser trascendente.
Pero, ¿es lo mismo que la aptitud? ¿Basta sentir
afición hacia algún conocimiento para afirmar
que tenemos la vocación? ¿Es esta un don natural
que se desarrolla o reprime, según las posibilidades
de la vida, o algo que se orienta y aprende?
La
psicología explica que se trata de un conjunto
de características afines con determinadas profesiones
y desarrolladas a través del medio familiar, los
estímulos escolares y vivencias que el individuo
interioriza desde edades tempranas.
Ello
significa que a la hora de elegir una actividad
según el dictado de la vocación, resulta muy importante
la influencia del medio familiar y social donde
se desarrolla el individuo y su propia voluntad
de decisión.
Pero,
sea una aptitud que favorezcan las circunstancias,
o afición especialmente dirigida por la familia
y la escuela, la vocación desempeña un papel vital
a la hora de decidir la futura profesión.
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