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Actualizada el día 16 de julio/2004
 

VOCACIÓN: ¿nace o se hace?


Por Hilda Berdayes García

 

Al margen de eruditas consideraciones psicosociales y pedagógicas, lo que más preocupa a quienes aspiran a la Universidad es definir su vocación, seleccionar una carrera y lograr acceder a esta.

Pero, la estadía en los institutos preuniversitarios no solo permite a los jóvenes adquirir los conocimientos necesarios y consolidar su cultura general. También debe ayudarlos a madurar como individuos, para asumir nuevos compromisos docentes y sociales, y apoyarlos en su orientación vocacional.

Aunque de manera general estos propósitos se cumplen en los preuniversitarios del país, no en todos la asesoría y captación hacia carreras universitarias se realizan con profundidad y eficiencia. De ello, de satisfacciones personales y juicios críticos sobre el tema, hablan estas entrevistas hechas al azar.

Para Aliet Rodríguez la Estomatología fue una revelación

Aliet Rodríguez Lezcano (tercer año de Estomatología, Facultad Ernesto Guevara. Pinar del Río). Desde pequeño tenía fijación con la Medicina. Estudié en el pre vocacional Federico Engels, en Pinar del Río, donde recibí buena orientación. Estomatología no me interesaba. Pero, estando en duodécimo grado, conocí a una muchacha que la estudiaba y me explicó muchas de sus características. Me entusiasmé, la elegí en primera opción y no me arrepiento. Lo que más me gusta es su arte manual y que es más constructiva que la Medicina. El estomatólogo no solo cura, sino que modela deficiencias dentarias y maxilofaciales como un escultor. En mi caso no fue la escuela, sino una amiga, la que me convenció. Pero creo que sí, que se debe profundizar más en la asesoría y orientación de los estudiantes.

Inspirada en una telenovela, Giselle Martínez eligió Psicología

Giselle Martínez Pedrera (segundo año, Facultad de Psicología). Siempre sentí inclinación por las carreras de Humanidades. Cuando estaba en onceno grado me fascinó el trabajo de los psicólogos que protagonizaban la novela Violetas de agua y decidí estudiar esa especialidad. Solo conocía su parte clínica. Aquí, en la Facultad, fue donde conocí todos los perfiles de la psicología, que además de la clínica abarca la atención a deportistas, el trabajo penal y jurídico, la detección de problemas de aprendizaje y la educación especializada.

Ya en el duodécimo grado veíamos el programa educativo Mi TV, para la orientación y cultura general. Profundizaban más en especialidades como Biología, Veterinaria, Agronomía y otras afines... Pero las carreras de Humanidades y la de Derecho, que también me gusta mucho, no se mencionaban. Por eso considero que es necesario instruir más a los alumnos de preuniversitario para ayudarlos a definir bien su vocación. Hay quien empieza la carrera con una idea y después las cosas resultan diferentes. Vienen entonces las frustraciones y hasta las deserciones. Yo tuve suerte. Ingresé en la carrera que me gusta y la realidad superó mis expectativas.

Aunque polifacético, Adrián Gómez prefirió la Medicina

Adrián Gómez Collantes (quinto año, Facultad de Medicina del hospital Julio Trigo). Provengo de Santiago de Cuba, pero hice el pre en el Instituto de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin. Allí te preguntaban por tus aspiraciones profesionales y, de acuerdo con ellas, te dirigían los estudios e impartían con más rigor las materias afines.

Yo, desde el inicio elegí, la Medicina. Pero, como siempre estaba «pegado» a la computadora, varios profesores de la Lenin me aconsejaban que me dedicara a la Informática. También me atraían mucho los problemas ecológicos y por eso el profe de Biología me decía que estudiara esa especialidad. Esto demuestra la preocupación del claustro de la Lenin de aquellos años para orientar la vocación de sus alumnos. Nos visitaban profesores universitarios que brindaban una explicación muy completa del contenido de las carreras y de las plazas laborales que podíamos ocupar... Por eso, a pesar de mis inclinaciones hacia varias especialidades, seleccioné Medicina muy convencido de lo que quería lograr.

Irving Martínez considera excelente el trabajo vocacional de las escuelas militares

Irving Martínez Ponce (cuarto año, Facultad de Derecho). Escogí Derecho porque se avenía a mis aptitudes. Me gusta la oratoria, tengo buena memoria y desenvolvimiento escénico. Pero la preparación en el pre no fue tan puntual en lo que respecta al perfil de la carrera. Sabía que se trataba de personas que hacían cumplir las leyes, pero desconocía las especificidades. Yo tuve la ventaja de que en mis tiempos existían las pruebas de aptitud que redondeaban los conocimientos y facilitaban la captación.

Considero que a los alumnos del primer año de la Universidad les falta orientación sobre lo que van a recibir en la carrera y las posibilidades de esta. Pienso que se debe tomar como ejemplo el trabajo vocacional que se hace en las escuelas militares, donde laboran muy a fondo en la captación para las especialidades.

Descubrir la vocación y materializarla puede ser trascendente. Pero, ¿es lo mismo que la aptitud? ¿Basta sentir afición hacia algún conocimiento para afirmar que tenemos la vocación? ¿Es esta un don natural que se desarrolla o reprime, según las posibilidades de la vida, o algo que se orienta y aprende?

La psicología explica que se trata de un conjunto de características afines con determinadas profesiones y desarrolladas a través del medio familiar, los estímulos escolares y vivencias que el individuo interioriza desde edades tempranas.

Ello significa que a la hora de elegir una actividad según el dictado de la vocación, resulta muy importante la influencia del medio familiar y social donde se desarrolla el individuo y su propia voluntad de decisión.

Pero, sea una aptitud que favorezcan las circunstancias, o afición especialmente dirigida por la familia y la escuela, la vocación desempeña un papel vital a la hora de decidir la futura profesión.



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