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UNA LLAVE A MEDIO ABRIR
Por Frank Díaz Donikián
Las reservas culturales en nuestra sociedad son incontables. Amén de miles instructores de arte graduados en los últimos dos años, hay más motores para propiciar mayores impulsos en otros sectores poblacionales, pero todos andan a media máquina.
Ahí están las casas de altos estudios —esas calderas de pensamiento de cualquier país— con la potencialidad de hacer más reales y vastas sus extensiones universitarias.
¡Cuán ávidos podemos estar de buena cultura proveniente de quienes se debaten con las últimas tendencias de teoría y práctica en sus aulas!
Hace tres años, se pensó engalanar varios edificios del municipio capitalino de Playa, en Ciudad de La Habana, contando para ello con la ayuda de sus residentes quienes eran además estudiantes de artes plásticas del Instituto Superior de Arte (ISA). El proyecto pretendía plasmar murales en las fachadas laterales, como enormes refrescadores ante el tedio arquitectónico.
Pero a pesar del entusiasmo, la idea quedó trunca pues nunca llegaron los materiales necesarios para iniciar el trabajo. Faltaron aseguramientos y lo que hubiera sido una brillante comunión de creadores receptores en cuanto a ideas, esfuerzos y la impronta de una vanguardia en plena ciudad, se empañó so pretexto de la falta de recursos… ¿y de ganas?
Visto el reto en terreno propio, es hora de que nuestros universitarios, sobre todo quienes cursen carreras artísticas, desborden más sus pinitos y los pongan a consideración de un público allende a los jardines de sus campus.
También que proyectos de cursos de la gente de Diseño Industrial y los plásticos, por ejemplo, pulsen con la chapuza o lo pacato que abunda en términos de mensajes visuales en nuestro entorno.
Que cualquier práctica de un grupo musical, coral o dramático de un centro superior en provincia se lleve a un barrio cercano, y pueda medirse en vivo el resultado de cada entrega.
La esperanza de un premio en un Festival Nacional de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) quizás pueda abrigarse luego de un sentido aplauso recibido en un vecindario.
De lo que se trata es que los mismos eventos de aficionados anuales salgan a airearse en la comunidad. Que las entregas en danza, música y plástica por parte de quienes aún estudian, y vistas a veces en actos públicos de primer nivel, sean algo más cotidiano en cualquier momento y lugar.
Es que además, trozos de cualquier ciudad esperan por toques de arte a urbe abierta. Y cada poblador —rural o citadino— precisa tener in situ la posibilidad de romper de vez en vez sus rutinas.
Y si de extensión universitaria se trata, allí están los medios de comunicación que los muchachos tienen que conquistar con sus proyectos.
Urgen programas de radio y televisión para universitarios y hechos por ellos mismos, como aquellas entregas televisivas de los años 70 emitidas desde aquel estudio de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, y en las que se dieron a conocer aquellos bisoños de Moncada y Manguaré, entre otros muchos.
Y en todo ello deberían estar más al tanto los estudiantes, sus directivos, cada claustro profesoral e incluso sus organizaciones afines; para mover sesos y encontrar cualquier posibilidad para facilitar toda intención.
Una mayor pujanza cultural universitaria, incluyendo la total renovación de concursos como los 13 de Marzo —cuya edición del 2006 se dedicara solo a las artes plásticas—, sería el engranaje matriz que movería otros anexos.
Prendería mucho el sentido de pertenencia a una u otra Facultad, se propiciarían lugares para la culta discusión, y hasta un órgano como esta web de Alma Mater reafirmaría su razón de ser, cuando la estudiantina cubana se arrebatara sus hojas para saber qué hay de nuevo, o los de Periodismo sean los primeros en discutirse los espacios con olor a tinta para socializar sus criterios.
¡Tanto se conseguiría!… y todo, para mejor.
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