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SUEÑOS DE BATA BLANCA
Por Onelia Chaveco
Fotos: Lídice Angulo
Especial de la AIN para Alma Mater
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Laboratorio para 20 alumnos de Medicina
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En el inicio del otoño del 2005, con más visos de verano cubano que de otra temporada climática, Yurima Cayoll trocó en realidad sus juegos de niña, aquellos de 15 años atrás, cuando con bata blanca, un diminuto estetoscopio, y aires de gran doctora, auscultaba a sus muñecas en un pueblito de campo.
Entonces sus sueños de seis años iban de la caja de juguetes hasta el policlínico, donde a cada determinado tiempo la llevaban a vacunar para prevenir esta o aquella enfermedad.
Ahora, toda una mujer y con bata blanca de verdad, Yurima termina su primer año de Medicina en la Facultad de Ciencias Médicas Raúl Dorticós Torrado, de la provincia de Cienfuegos, con una historia que más bien se parece a los cuentos infantiles.
«Yo abandoné la escuela cuando estaba en décimo grado en un pueblito de Santiago de Cuba, pues desaprobé y me desilusioné al punto que estuve dos años fuera de un aula. Vine a vivir a Cienfuegos y aquí me incorporé al Curso Integral para Jóvenes, en el cual permanecí dos años y medio, hasta finalizar y optar por Medicina.
«No ha sido fácil, porque no tenía hábitos de estudio como los demás compañeros, quienes sí procedían del preuniversitario o de los Camilitos; mas con un sistema de apadrinamiento interno en el grupo, logré sacar este primer año y fue muy lindo y emocionante todo. Ya estuve vinculada a un policlínico para consolidar en la práctica las asignaturas recibidas.»
UNIVERSIDAD Y COMUNIDAD
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Yurima con bata blanca de verdad y el sueño de hacerse doctora |
Una de las transformaciones en la rama de la salud en Cuba en los últimos años ha sido, entre otras cuestiones, sumarse con oferta de carreras técnicas o universitarias al rescate de estos jóvenes, quienes como Yurima se habían desvinculado de los estudios, y ahora, luego de probar el sabor de una Universidad Médica, dejan vislumbrar cuán buenos profesionales nacerán de ellos.
El doctor José Emilio Caballero, decano de la Facultad, considera que los beneficios de estos cambios en el país también tocaron a otros muchachos y muchachas que ya ejercían o estaban interesados en sumarse a aquellos oficios de apoyo a la labor sanitaria, solo que ahora tienen la posibilidad de hacerse profesionales mediante la instauración en Cienfuegos de una Filial de la Tecnología de la Salud.
Gracias a tal estrategia aquellos técnicos y obreros calificados hoy cursan la enseñanza superior en 22 perfiles. Únase a ello la posibilidad de que por primera vez asumimos la formación de casi 800 jóvenes de otros países latinoamericanos, acogidos en casas de familias cienfuegueras, donde residen como un miembro más de ese núcleo y de ese barrio. El doctor Caballero añadió que la universalización de la enseñanza superior llegó también a los ocho municipios del centro-sureño territorio cubano, donde existen 22 policlínicos y en los cuales los estudiantes residentes en los rincones lejanos pueden recibir una preparación profesional equivalente a las de las aulas universitarias.
«Muy importante —afirmó el Decano— es el concepto del vínculo alumno-comunidad, porque siempre el estudiante de Ciencias Médicas realizó prácticas, pero no con la proporción que lo hace ahora. Te digo que la proyección mayor es de la Universidad hacia la comunidad.»
¿Cuánto cambió el modelo pedagógico desde su graduación en 1979 hasta la actualidad?
«Es muy, muy diferente, figúrate. Mira, acceder al paciente en el mundo es algo complicado para los estudiantes de Medicina, por los puritos éticos, y de conceptos morales, incluso de tradición que ello entraña.
«Sin embargo, nosotros siempre hemos tenido la oportunidad de vincular los educandos a las consultas, con un especialista. En mis tiempos íbamos a esos encuentros, pero no tan sistemáticos como ahora.
«Los nuevos programas tienen en su haber acercar aún más a los alumnos a su perfil profesional, no solo a esa consulta de que te hablaba, sino a la base, a la propia comunidad, donde crea hábitos de trabajo, y conoce de las características de las personas a quienes en un futuro es muy posible que trate.
«Contamos ahora con el Internado Profesionalizado, que incorpora a los estudiantes de último año a esa área con una mayor permanencia que antes.
«Además, porque se trata de desarrollar la atención primaria a la par de la atención secundaria, entonces debemos reforzar ese filón con médicos bien preparados, especialistas integrales, sin quitarle a ellos su vínculo con el hospital donde también aprenderán de Cirugía y de otras especialidades.»
JUVENTUD PROTAGONISTA
Las ventajas de esos cambios en la rama de la salud en Cuba no solo se quedan en el abanico de ofertas y posibilidades de superación para los jóvenes, y en las perspectivas de una mejor formación, sino también en el apoyo del servicio para los propios habitantes de esas localidades.
Partamos de que si vamos a tener un médico mejor preparado ya es una garantía para el paciente. Que los muchachos y muchachas de esas comunidades, una vez graduados, dispongan de más posibilidades de permanecer en su terruño que quienes residen en otros puntos de la provincia o del país.
Y de hecho, como me diría un campesino de Santa Isabel de las Lajas cuando lo atendían en el flamante policlínico universitario recién inaugurado allí: «No hay quien les haga cuento, periodista, porque ya esos muchachos que uno vio crecer, se conocen por aquí hasta el Pipisigallo ». Pero las buenas nuevas no solo tocaron a la docencia, también llegó a la atención clínica, por lo cual la apertura de una gran cantidad de salas de terapia intensiva, de rehabilitación, las de televisión en zonas rurales donde se presta esa asistencia, y el crecimiento de los servicios médicos en los remodelados policlínicos de la Perla del Sur, demandan del apoyo de los estudiantes de Ciencias Médicas.
Es más, según Caballero, las transformaciones sanitarias en la Isla no hubieran sido posibles sin esa fuerza vital. Las revoluciones siempre fueron hechas por los jóvenes, y esta que se opera en el sector de la salud cubano tiene a la juventud como protagonista.
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| Gabriel Curbelo, primer año y dirigente de la FEU en Cienfuegos |
Para aquellos que culminan el primer año de la carrera de Medicina, como Gabriel Suárez Romero, quien es, además, miembro del secretariado de la Federación Estudiantil Universitaria en la Facultad de Cienfuegos, la labor de ese gran colectivo abarca en esta etapa vacacional a todos los niveles.
«Por ejemplo, primero y segundo años se dedicarán a apoyar el programa de la Revolución Energética, con el reparto de equipos electrodomésticos, mientras tercero y cuarto harán su rotación de 15 días mediante faenas asistenciales en el hospital pediátrico sureño, y quinto año va a los consultorios y otras áreas.»
Yailet Carmen Díaz, también de primer año, se inserta en una nueva experiencia, el estudio con mayor uso de medios, pues luego de las clases del profesor, su grupo tiene como complemento la computación para teleconferencias, laminario virtual, sitio Web y otros ejercicios, en un laboratorio con capacidad para 20 alumnos.
Uno más avezado en el giro resulta Orisel Fernández, de quinto año. Procede de la tierra de Benny Moré, pero pudo realizar prácticas en Aguada de Pasajeros.
«Allí viví momentos muy lindos, primero, porque ese acercamiento además de enseñarte los presupuestos de la profesión, te quita el miedo escénico de aproximarse al paciente, y a la par da confianza a la población de que realmente uno está aprendiendo.
«En las instalaciones de ese municipio, pude hacer guardia en la sala de terapia, vimos los estudios contrastados de rayos X, y la labor del único Centro de Restauración Neurológica Infantil en el país.»
UN RELEVO MÁS PREPARADO
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Protagonistas de las transformaciones de la Salud en Cuba
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Con el objetivo de asumir la preparación e incremento del futuro facultativo cienfueguero en sus diversas facetas, la cifra de profesores creció de 468 a mil 108 durante este curso escolar 2005-2006. Yosvel Curbelo es profesor de Fisiología, y a la vez el secretario del Comité UJC de la Facultad, con mil 82 militantes.
«Realmente la labor de los estudiantes de Ciencias Médicas deviene herramienta fundamental para enfrentar las transformaciones en la salud, porque ellos están en todas partes. Si vas a la óptica, allí están, en optometría, en rehabilitación, dondequiera, porque a fin de cuentas son ellos quienes serán nuestro relevo, y un relevo mucho más preparado que nosotros.»
Y lleva toda la razón, pues muy cerca de la Facultad encontré a Bismary Abreu, una enfermera que estudió allí hace unos años, y cuando la abordé solo se sonrió.«Fíjate si el cambio de los últimos tiempos es grande en Salud, que cuando hice mis cinco años de Licenciatura de Enfermería en esta escuela, solo pude canalizar una vena o poner una sonda vesical en cuarto año.
«Y ahora en la sala de Ginecología, del hospital Gustavo Aldereguía Lima, donde laboro, los estudiantes de los primeros años hacen eso y más. Saben muchísimo, se desenvuelven con más facilidad porque lo tienen todo: equipos, computación en su enseñanza y otras opciones, que no disfrutamos nosotros en nuestro tiempo.»
El cuento de hadas de Yurima y de miles de jóvenes que han tenido posibilidad de estudiar medicina hoy en Cuba, se hace realidad por la varita mágica de las transformaciones revolucionarias de la Salud en este pequeño país. Cuando transcurran cinco años más, quizás reencuentre a esa muchacha en un salón de cirugía, en una consulta, o en una sala de rehabilitación, o en una lejana nación necesitada de ayuda.
De seguro estará vestida con su bata blanca, esa que dice que debajo hay una profesional de marca mayor, como es la talla del médico cubano.
* expresión popular para decir que algo es conocido por todos
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