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MEDIO SIGLO DE CONVOCATORIA UNITARIA
Por Hilda Berdayes García
El año de 1956 constituye un período decisivo en las acciones de las fuerzas más progresistas, democráticas y revolucionarias de Cuba contra la dictadura del usurpador Fulgencio Batista Zaldívar.
En el agitado panorama político de la época dos jóvenes figuras sobresalen por su ejecutoria política y la convicción de la lucha armada como único y necesario camino hacia la derrota del tirano y el triunfo de la Revolución cubana.
Ellos son el doctor Fidel Castro Ruz, de 30 años, graduado en Derecho y líder del Movimiento 26 de Julio, y José Antonio Echeverría Bianchi, con 24 años, estudiante de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de La Habana y presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
Los dos líderes más preclaros y combativos del momento que van a firmar en México un acuerdo de trascendental vigencia histórica.
LOS PROTAGONISTAS
Fidel, con un amplio «currículum» de rebeldías desde los tiempos estudiantiles, ya había probado su bautismo de fuego al iniciar la lucha armada contra Batista el 26 de julio de 1953 en el asalto simultáneo al Cuartel Moncada, de Santiago de Cuba —que encabezara personalmente—, y al «Carlos Manuel de Céspedes», de Bayamo.
Fallido el intento de sorprender a la guarnición militar, la estela de torturas y asesinatos que desata la dictadura batistiana cobra la vida de cientos de jóvenes revolucionarios. Pocos son los sobrevivientes detenidos y sometidos a juicio. Entre ellos está Fidel, que convierte la improvisada sala del tribunal de Santiago de Cuba en podio de denuncia con su alegato de autodefensa conocido como LaHistoria me absolverá.
Condenado a prisión junto al resto de los combatientes en la Isla de Pinos —actual Isla de la Juventud— el fracaso militar del Moncada, la cárcel y luego el necesario exilio en México de Fidel y sus compañeros deviene, sin embargo, un éxito político por la repercusión de estos hechos en la concientización de la sociedad cubana. Asimismo, toda la experiencia asimilada a partir del Moncada, enriquece y profundiza la visión de Fidel en la estrategia de combate a proseguir y consolida su estatura como líder indiscutible de la lucha revolucionaria.
Respecto a Echeverría, era otro rebelde con causa. Desde su infancia destaca en las aulas por el excelente rendimiento académico y su oposición a las injusticias y las desigualdades sociales. Ya, desde el primer año de la Universidad, se entrega plenamente a las ideas más justas y revolucionarias. Ello le gana el prestigio y el respeto de estudiantes y profesores y contribuye con el desarrollo progresivo de su liderazgo, primero como delegado de asignaturas y de curso, luego secretario general, vicepresidente y presidente de la Asociación de Alumnos de Arquitectura, hasta alcanzar la presidencia nacional de la FEU.
Tampoco está exento José Antonio Echeverría de la experiencia armada. Cuando Anastasio Somoza, el dictador de la República de Nicaragua, invade a Costa Rica, Echeverría y un grupo de jóvenes revolucionarios parten hacia ese país centroamericano para combatir el golpe de Estado.
Estos son los dos hombres que en agosto de 1956 estrechan sus manos en un pequeño apartamento de la calle Pachuco, en Ciudad de México, vivienda de los combatientes del Moncada Melba Hernández y Jesús Montané.
No eran desconocidos el uno para el otro. Sabía Fidel del desempeño del joven al frente de la FEU y de la madurez y combatividad alcanzada por el movimiento estudiantil universitario, a raíz del liderazgo de José Antonio.
Echeverría, por su parte, se identifica plenamente con la gesta del Moncada. Denuncia pública y valientemente los crímenes y torturas de que han sido víctimas los combatientes, durante el mitin de la Sociedad de Amigos de la República (SAR), para asombro y disgusto de supuestos opositores de Batista, presentes en el politiquero acto, que culminó en una riña tumultuaria entre revolucionarios y demagogos. Asimismo, José Antonio organizó innumerables manifestaciones de protesta a favor de la liberación de los asaltantes al Cuartel Moncada y los restantes presos políticos.
Gran pesar le causaba no haber participado en esas acciones y siempre lamentó la excesiva discreción de su entrañable amigo Renato Guitart —caído en el asalto— por no comunicarle lo que se preparaba en Santiago de Cuba y sumarlo a la lucha. También se conocían ambos personalmente, cuando se encontraron en La Habana en el masivo recibimiento tributado a Fidel y los héroes del Moncada, liberados de la Isla de Pinos, en mayo de 1955, gracias a una sostenida campaña popular que fuerza a la dictadura a conceder la amnistía.
LA CARTA
Echeverría venía del Congreso Latinoamericano de Estudiantes, celebrado en Santiago de Chile. Luego de visitar varios países de Sur y Centroamérica, viaja a México para encontrarse con Fidel, en tránsito hacia Ceilán (hoy Sry Lanka), donde participaría en la Conferencia Internacional de Estudiantes. Es el 29 de agosto de 1956.
En un primer contacto, ambos líderes analizaron la situación política cubana, los elementos que podrían favorecer la unidad y el potencial revolucionario del movimiento estudiantil. La conversación continuó durante todo el día y prosiguió en la noche y la madrugada. Al filo de las cinco de la mañana estaban tomados los acuerdos y establecidos los compromisos de ambas organizaciones.
Fidel y Echeverría acuerdan plasmar por escrito tales determinaciones, en un documento con 19 puntos que resumían sus proyecciones fundamentales. La Carta de México había nacido.
CARTA DE MEXICO (agosto de1956)
La Federación Estudiantil Universitaria y el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, los dos núcleos que agrupan en sus filas la nueva generación y que se han ganado en el sacrificio y el combate las simpatías del pueblo cubano, acuerdan dirigir al país la siguiente declaración conjunta:
1- Que ambas organizaciones han decidido unir sólidamente su esfuerzo en el propósito de derrocar a la tiranía y llevar a cabo la Revolución Cubana.
2- Que asistir a unas elecciones parciales después de estar reclamando durante más de cuatro años unas elecciones generales y libres, constituye una actitud entreguista y traidora que no alcanzará sus fines ambiciosos porque la Revolución cortará de un tajo todas las probabilidades.
3- Que si la Revolución Cubana, que cuenta ya con la simpatía de la opinión democrática de América, es vencida en una lucha que resulta ya inevitable, la dictadura no brindará siquiera esa mísera concesión que hoy otorga por miedo a los revolucionarios, y sobre la cabeza de los electoralistas ambiciosos caerá la sangre de los que se inmolen.
4- Que consideramos propicias las condiciones sociales y políticas del país, y los preparativos revolucionarios suficientemente adelantados para ofrecer al pueblo su liberación en 1956. La insurrección secundada por la huelga general en todo el país será invencible.
5- Que un tirano extranjero, Rafael Leónidas Trujillo, interviniendo abiertamente en la política interna de nuestro país, fraguó una conspiración contra Cuba con la complicidad de un grupo de oficiales del 10 de Marzo: Alberto del Río Chaviano, Martín Díaz Tamayo, Leopoldo Pérez Coujill, Manuel Ugalde Carrillo, Manuel Larrubia, Juan Rojas y Rego Rubido, y una pandilla de pistoleros encabezados por Policarpo Soler, que salió de Cuba a raíz del golpe de Estado, con la protección del propio Batista, a pesar de estar reclamado por los tribunales de justicia.
6- Que las armas trujillistas fueron introducidas en Cuba con la complicidad probada de esos militares.
7- Que el dictador Batista, en la conferencia de Panamá, no tuvo el valor de denunciar esa agresión al honor y la integridad nacional, dándose un abrazo con el hermano del chacal dominicano.
8- Que muy por el contrario, al regresar a Cuba ocultando al país la verdad, se dio a la innoble tarea de acusar de trujillistas a los más limpios revolucionarios cubanos, cuyas firmes convicciones democráticas hacen imposible toda relación con un tirano igual que Batista.
9- Que en respuesta a la cobarde maniobra, emplazamos a Batista para que entregue a la FEU y a los combatientes del 26 de Julio las armas de la República, que no han sabido usar con dignidad, para demostrar que nosotros nos atrevemos a ajustar cuentas con el dictador dominicano y salvar el honor de la patria.
10- Que Cuba debe responder con dignidad a la ofensa sufrida y en consecuencia somos partidarios de una acción armada contra el tirano Trujillo, que dé paso libre a los dominicanos de una opresión que dura ya más de veinticinco años. Retamos a Batista a que diga la palabra definitiva o se ponga en evidencia ante el pueblo cubano.
11- Que la actitud débil, oportunista y cobarde del régimen frente a Trujillo, ha sido traición a la patria.
12- Que tanto Trujillo, como Batista, son dictadores que hieren el sentimiento democrático de América, y perturban la paz, la amistad y la felicidad de los cubanos y los dominicanos.
13- Que mientras los militares trujillistas permanecen en sus cargos, la flor y nata de las fuerzas armadas, los oficiales más capacitados para defender la patria que peligra, están presos e inhumanamente tratados en Isla de Pinos.
14- Que la FEU y el 26 de Julio consideran al coronel Barquín, al comandante Borbonet y demás oficiales presos y destituidos, la más digna representación de nuestro ejército, y los hombres que hoy cuentan con más simpatías en las fuerzas armadas.
15- Que el ejército, dirigido por esos oficiales prestigiosos y honorables, al servicio de la Constitución y del pueblo, tendrá el respeto y las simpatías de la Revolución Cubana.
16- Que la FEU y el 26 de Julio hacen suya la consigna de unir a todas las fuerzas revolucionarias, morales y cívicas del país, a los estudiantes, los obreros, las organizaciones juveniles y a todos los hombres dignos de Cuba, para que secunden en esta lucha, que está firmada con la decisión de morir o triunfar.
17- Que es hora de que los partidos políticos y la Sociedad de Amigos de la República cesen ya en el inútil esfuerzo de implorar soluciones amigables en una actitud que en otros momentos pudo ser patriótica pero que, después de cuatro años de rechazo, desprecio y negativa, puede ser infame.
18- Que enfrentada ya la Revolución en una lucha a muerte contra la tiranía, la victoria será de los que luchamos asistidos por la historia.
19- Que la Revolución llegará al poder libre de compromisos e intereses, para servir a Cuba en un programa de justicia social, de libertad y democracia, de respeto a las leyes justas y de reconocimiento a la dignidad plena de todos los cubanos, sin odios mezquinos para nadie, y los que la dirigimos, dispuestos a poner por delante el sacrificio de nuestras vidas, en prenda de nuestras limpias intenciones.
José Antonio Echeverría Bianchi
Federación Estudiantil Universitaria
Fidel Castro Ruz
Movimiento 26 de Julio
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El documento original no consignaba la fecha, pero se firmó en los últimos días de agosto de 1956. Algunos autores sostienen que fue el día 30, otros afirman que el 31.
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