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DE CERO A TODO
Por Lucilo Tejera Díaz
Fotos: Rodolfo Blanco Cué
La vida le ha regalado muchas cosas buenas y malas también, pero al final predomina la maravilla. La Revolución lo salvó.
Quizás 30 años parezca poco tiempo para tantas cosas en la vida de Octamis Leyva Medina, pero muchas le han sucedido. Una de estas, por ejemplo, padecer de una bronquiectasia en el pulmón derecho, una enfermedad crónica que provoca tos persistente y expectoración.
Este mal lo limitó desde siempre y fue la causa de tener que dejar los estudios para técnico de nivel medio en Agronomía. Un médico se lo recomendó porque el laborar con fertilizantes químicos le ocasionaría daños a su salud.
Desde entonces, con apenas 16 años de edad, Octamis se incorporó al trabajo, primero en una Cooperativa de Producción Agropecuaria en su natal Sibanicú, en la provincia de Camagüey, de «aprendiz de campesino», como él dijera, donde se desempeñó de narigonero, guataqueador, sembrador y cosechero.
Después vendrían, custodio en el área de combustible de la empresa ganadera Triángulo Dos, trabajador por cuenta propia con un bicitaxi, constructor en la reparación de El Oriente ingenio azucarero de la época colonial, y de nuevo agricultor en el huerto escolar de la primaria.
RESCATE DE SANGUILY
«Cuando aquello yo me veía sin un futuro. No es que cualquiera de esas ocupaciones sean deshonrosas, pero en Cuba un joven lo que tiene es que estudiar y prepararse bien para una profesión, y yo no veía claro cómo iba a ser en lo adelante», nos dice ahora.
LA REVOLUCIÓN ME SALVÓ
Cuenta Octamis un hecho que lo hizo tomar determinaciones importantes en su vida. En una Feria Agropecuaria en Guáimaro, en una riña que para él sigue siendo inexplicable, recibió una puñalada en el abdomen que lo puso al borde de la muerte. Cinco operaciones en tres hospitales y meses de convalecencia lo llamaron a la reflexión.
Por una parte la atención médica que le brindaron fue tan dedicada que le demostró una vez más el lado bueno de la vida, al margen de los malos momentos. Y por otra, que su salud estaba más resentida.
«Puedo asegurar que la Revolución me salvó doble y me dio de nuevo la posibilidad de seguir, de mejorar, de avanzar.»
En aquellos tiempos se casó con Bianca González Cisneros, quien lo indujo a matricular con ella en el Curso de Superación Integral para jóvenes.
«No sabía qué iba a pasar, pero la seguí. Recibíamos un estipendio que representaba todos nuestros ingresos y eso comenzó siendo un buen motivo.»
Pero a medida que avanzaba en los estudios fue interesándose cada vez más hasta concluir con éxito.
«Y ahora ¿qué?, me pregunté. Me gustaban los deportes y podría optar por la Licenciatura en Cultura Física, pero ¿y mis limitaciones de salud? En esos días se hablaba mucho de enseñar ajedrez en las escuelas y me dijeron que esa sería mi vía, y Bianca y yo gracias a la universalización de la enseñanza, matriculamos esta especialidad en la sede en Sibanicú del Instituto Superior de Cultura Física.
El grupo de 34 alumnos organizó dos Brigadas Universitarias de Trabajo Social (BUTS) y tuvieron un trabajo encomiable.»
Esa resultó la razón principal para decidir que de aquel colectivo se escogiera a uno de los cinco delegados directos al próximo VII Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) por la provincia camagüeyana. Octamis fue seleccionado, por su trayectoria en los estudios y en las BUTS.
«Pienso que en el Congreso salga a relucir la situación de los estudiantes de la Licenciatura en Cultura Física. Nosotros integramos la FEU nada más que durante el primer año de la carrera. Es decir, cuando estamos tomando conciencia de la organización dejamos de pertenecer a ella, aunque seguimos los estudios por cuatro cursos más.»
El asunto es que a partir del segundo año pasan a trabajar a la vez que continúan la carrera. También estima importante la necesidad de asegurar textos para la universalización.
«Los problemas que están en manos de los profesores y de las organizaciones del municipio se han resuelto, pero otros como estos son de solución nacional.»
Todo el devenir de la vida de Octamis Leyva lo ha encaminado por un sendero ahora lleno de sueños. Atrás quedó el tiempo en que solicitó la desactivación de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), porque no le gustaban las reuniones y no era un buen comunicador.
En la actualidad enseña a jugar ajedrez a niños de primer y segundo grados, y aspira, si se lo gana, a integrar el Partido Comunista de Cuba.
«Me gusta mucho educar. Es maravilloso ver la rapidez y facilidad con que aprenden los niños. ¡Ese y tener hijos son mi futuro! Es como ir de cero a todo.»
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