La Revista Joven más antigua de Cuba

Nuestro Credo



EDICIONES ANTERIORES

Esperamos tus opiniones y sugerencias
 

 

 

PALOS DE CIEGOS

Por Lucy Gispert

Este artículo fue publicado en el número 357 del 22 de marzo de 2000, en las ediciones especiales que circularon durante el VI Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria. Alma Mater ha querido volver a publicarlo por su importancia y actualidad.

Las universidades cubanas también fueron declaradas un objeto de guerra por los Estados Unidos.

El 3 de febrero de 1962 el presidente norteamericano John F. Kennedy anunció la ruptura de todo vínculo comercial con Cuba. El objetivo táctico de la decisión era la aniquilación en poco tiempo de un sistema opuesto a los intereses de Washington. Muchos años y ocho presidentes norteamericanos después, el bloqueo económico tuvo un triste efecto en la vida de un joven estudiante universitario cubano.

A Juan José Rodríguez, egresado en 1994 del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, volver a esa vivencias lo sobrecoge. Su tesis de grado quedó perdida a causa de un virus presente en la única máquina accesible por entonces a los estudiantes, cuando no dominábamos la terapéutica antivirus, ahora tan común. Todo un éxito de la política internacional de los Estados Unidos.

Al decretarse el llamado embargo económico contra nuestro país, los halcones de la Casa Blanca, no sospecharon siquiera que pasadas más de tres décadas Cuba podría estar resistiendo todavía un ataque tan formidable. En realidad, considerando las estadísticas de los daños causados por el bloqueo haber sobrevivido a él parece casi un milagro.

Desde el principio, esa práctica ha costado al país una cifra similar al 15 por ciento de su Producto Interno Bruto, equivalente a seis veces el monto de la deuda externa cubana. En todas las ramas de la producción y los servicios se han hecho sentir los efectos. En especial, la salud y la educación, sectores tradicionalmente más dependientes del presupuesto central del Estado, casi llegan a tocar fondo. Las universidades no fueron excluidas de la lista de objetivos a destruir.

LOS NÚMEROS DENUNCIAN

En su informe anual de 1995 para el aseguramiento material y financiero, el Ministerio de Educación Superior (MES) se propuso garantizar el sostenimiento mínimo indispensable para el curso 1996-1997 a partir de la captación de divisas y de los ingresos en moneda nacional en la cuenta de autofinanciamiento de las universidades. A ello se sumó la intensificación de gestiones con suministradores territoriales, todos dentro del más estricto control de los recursos, especialmente en el uso de la moneda dura según las licencias autorizadas.

Durante los años 80, los Centros de Educación Superior (CES) recibían del Estado material gastable por valor de unos 10 millones de dólares anuales (sin considerar alimentos y combustible) y alrededor de cinco millones en equipamiento, además de dotaciones importantes de vehículos y mobiliario. La inversión en obras constructivas, específicamente en las áreas docentes, sobrepasó siempre los siete millones de dólares. La disminución de estas sumas a partir de 1990 amenazó seriamente la marcha efectiva de los programas educativos. ¿Qué hubiera ocurrido si la sucesión del proceso histórico en estas décadas no estuviera rasgada por tanto daño y acoso? De mil formas pudiéramos imaginarlo.

TRAJES RAÍDOS

Durante aquellos primeros años del período especial, las heridas abiertas en este sector se apreciaban a simple vista en los inmuebles universitarios, por el estado técnico de las edificaciones, especialmente las residencias, con un gran deterioro en la impermeabilización de las cubiertas, la carpintería dañada y despintada, y las instalaciones hidrosanitariasprácticamente inservibles.

El equipamiento de los laboratorios docentes y de deportes —incluidos los de computación que aún se mantenían funcionando—, resultaban obsoletos. Las dotaciones quedaron incompletas al cerrarse las fuentes regulares de suministro. Se detuvieron los planes de ampliación de aulas, edificios y becas.

El parque de vehículos automotores, los generadores de vapor y el mobiliario escolar acumulaban un gasto de recuperación considerable. En 1996 el MES dispuso solo de dos millones de dólares, cuando un programa de recuperación material a mediano plazo requería siete veces más, unos 14,6 millones, de los cuales por lo menos 8,4 tendrían que destinarse urgentemente a reparaciones capitales o a la terminación de edificios, así como a la adquisición de nueva tecnología didáctica.

Esta crisis incidió duramente en la vida de 39 mil becarios, el 53 por ciento de la matrícula del curso regular diurno en ese período. El que esté interesado en el tema, que le pregunte a aquellos muchachos. 

TIEMPOS PARA OLVIDAR

Durante el proceso de modernización a que estaban abocadas las universidades cubanas, el avance de la computación se desaceleró, justo cuando tratábamos de reducir la distancia que nos separaba de otros países en cuanto a la explotación de esa tecnología.

Diez años de atraso impidieron, por ejemplo, los adelantos en la enseñanza de la imagenología digitalizada en cirugía maxilofacial o la simulación matemática para equilibrar el tren de olas en pedraplenes en cayería cubanas.

Hoy por hoy, los productos informáticos norteamericanos que se ofertan en Internet resultan prácticamente inaccesibles para los cubanos debido a que no se pueden pagar a través de mecanismos ágiles del comercio.

La virulenta política no se limita a la compra sino que se extiende al pago. Cuando la Asociación de Lingüistas de Cuba (ALC) se dispuso a liquidar su cuota de inscripción a TESOL, Sociedad Internacional de Profesores de Inglés, radicada en Columbia, esta no aceptó la cancelación del adeudo, en virtud de lo establecido en el Acta de Comercio con el Enemigo.

Los lingüistas cubanos son el Enemigo. También lo es la educación deportiva cubana: 31 mil profesores y técnicos en las diferentes disciplinas y áreas científicas, un sistema de desarrollo de atletas de alto rendimiento que involucra a más de 80 mil personas en unas 40 ramas. A cada uno le ha tocado de una u otra forma el fuego cerrado de la animadversión yanqui, ya sea por la falta de mínimos recursos para dar clases, la imposibilidad de adquirir equipos estadounidenses, la suspensión de intercambios bilaterales o la NO entrega de premios honrosamente ganados en competencias.

SORRY, PERMISSION DENIED

Los centros docentes del sistema nacional de salud igualmente se han visto privados de medios de enseñanza, y hasta de simples visados a profesionales que hubiesen aprovechado sabiamente su participación en importantes cursos, conferencias y otros eventos en los Estados Unidos.

La renuente actitud del imperio limita el acceso a programas de becas, mientras simultáneamente implementa el robo de cerebros, política estructurada desde el mismo comienzo de la Revolución cuando solo quedaron en el país 6 mil profesionales de los cerca de 14 mil existentes.

En el terreno de la docencia nos hemos enfrentado a la prohibición de reproducir incluso pagando derecho de autor, libros de texto imprescindibles como el Nelson, de Pediatría; el Robbin, de Patología o el Guyton, de Fisiología, manuales claves en la enseñanza de las ciencias médicas. Esta historia es común a la pedagogía, las ciencias técnicas o las artes. En cualquier facultad o laboratorio universitario, los profesores, investigadores y estudiantes pueden enumerar una larga lista de carencias y dificultades atribuibles directamente a la política del bloqueo.

En 1961 nadie hubiera creído en Washington que todas esas personas continuarían en el lejano futuro trabajando y estudiando en tales condiciones.

Lo sorprendente es que, en efecto, lo han hecho, y con éxito académico y científico. A pesar del bloqueo. Hay que estar ciego para no verlo.


Artículos relacionados
DIARIO DE UN UNIVERSITARIO ANTIMPERIALISTA


Portada

© Alma Mater 2006

Subir

 

 

Actualizada: 14 de diciembre/2006