La Revista Joven más antigua de Cuba

Nuestro Credo




EDICIONES ANTERIORES

Esperamos tus opiniones y sugerencias

 

 

 


LA META PROMETIDA

Por Jorge Sariol
Fotos: Los escaladores

Contra el cielo lleno de luz sideral se recortan las montañas.

Son las cinco de la mañana y los viejos pero eficientes camiones zigzaguean por la carretera que asciende por pendientes —dicen— de casi 45 grados.

La física y la mecánica andan en competencia, y sobre las plataformas de los vehículos un montón de jóvenes se maravilla ante tanta magnitud. Son 54 estudiantes universitarios, elegidos como los mejores de todo el país por sus excelentescualidades morales, por el talento que poseen y por la inteligente combinación que hacen deambas virtudes a favor de la sociedad. Cubanos al fin y al cabo —van entre ellos 12 extranjeros— hacen bromas ante el peligro potencial que acecha. Jóvenes, al fin y al cabo, vanconfiados en la vida, demasiado bella para desperdiciarla en aprensiones infantiles, aunque tres de las 14 muchachas que componen el grupo miran indistintamente hacia las ruedas de los Zil 130, hacia la cabina del chofer, hacia lacurva inmediata o hacia la siguiente cota. Todos van con los ojos abiertos y un poco decepcionados porque les advirtieron que haría un céfiro hiperbóreo y en realidad es un frío madrugadoren un enero cualquiera.

Luego de media hora de ascensión están a pocos metros de la cima del Pico Mella, donde se encuentra el busto del líder estudiantil universitario. El sitio se llama El Alto del Naranjo, a 950 metros sobre el nivel del mar y a unas ocho horas de buena marcha hacia elPico Turquino, destino principal de toda la operación. Aquí, en unos 70 metros cuadrados de cemento compactado, acaba la carretera y de algún modo con el último postedel tendido eléctrico termina «la civilización». En lo adelante, solo el asentamiento ecológico de La Platica, en un cañón metido dos kilómetros más adelante, indicará vida humana. El Alto del Naranjo es el punto de partida; día y medio después regresarán todos, muertos de cansancio de andar entre montañas, y sin embargo —cubanos ¡al fin y al cabo!— estalla la carcajada general cuando un flaco jodedor, alzando un cayado rústico grita con la alegría de llegar de pie y con las botas puestas: ¡Ay mamita, coño!, si por ser Vanguardia Nacional Integral vineaquí, ¿adónde iré si me declaran Retaguardia Nacional?

El sol puntea las montañas. Es media mañana ya, y enEl Alto del Naranjo hacenentrega del diploma, homenajeana Julio Antonio Mella, el fundador de la FEU, y a Celia Sánchez, una de las heroínas de la Revolución cubana. Están en pleno Parque NacionalTurquino, unas 23 mil 210 hectáreas de montañas, cañadas, aguadas, pequeños valles ypicos elevados, en la serranía oriental del país, como parte del Gran Parque Nacional Sierra Maestra.

El guía insiste en que en lo adelante viene lo duro; «los médicos» —todavía estudiantes de 6to. año— insistenen que un grupo no debería subir porque, curiosamente, el problema será bajar;el pequeño grupo de los conminados insiste en que subirán aunque tengan que hacerlo con los dientes. «Se quedarán sin dientes y se los harán perder a otros», dice Liusbén, uno de los ya casi galenos. Cinco son realistas y comprenden que serán una carga y desisten. Son más los que deberían quedarse, pero cuatro se callan y uno aprieta disimuladamente en sus bolsillos el instrumental que lleva para sus tres graves padecimientos, de los cuales la diabetes parece ser el más sencillo.

Son las doce del día, la caravana parte. Comandando la tropa va Machadito, del Secretariado Nacional de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Abajo quedan los investigadores Adis Cupull y Froilán González, y el viejo profesor Delio Carrera, Historiador de la Universidad de La Habana, haciendo votos y buenos augurios. Tañendo tres veces una imaginaria campana, el doctor Carrera,levantando su diestra a los divinos olímpicos grita a los que parten: ¡Citius, altius, fortius!

Pocos saben que los primeros tres kilómetros serán muy difíciles, pero es conveniente llegar a la Aguada de Joaquín en seis horas, porque hacia el final de la tarde casi siempre llueve. La subida a partir de La Platica es tan ardua que no tardan las renuncias. Los tres primeros en abandonar comprenden con tristeza lo que se van a perder;los que andan enérgicamente tres kilómetros más adelante,con el objetivo solo de llegar a un punto y cumplir con uncronograma, en cierto modo también se pierden este, el paraíso terrenal, agreste y asombroso, una de las más importantes áreas protegidas cubanas y donde se ubican 17 elevaciones con una altura superior a los mil 300 metros.

La región estácubierta de bosques de varios tipos entre los cuales están el pluvisilva, montana, siempreverde, nublado, semideciduo y micrófilo. En esta área se reportan más de 600 especies, sobre todo insectos, 60 especies de aves, 30 de reptiles, 15 de mamíferos y 10 de anfibios, pero la mayoría corren a esconderse, quizás por los gruñidos de Alexei, estudiante de 5to. año de Economía de la Universidad de Cienfuegos, quien ha decidido subir descalzo y sin camisa, solo cubierto por un enorme short rojo tomate. Con dos cantimploras atadas a la cintura como dos granadas, va dando saltos por entre las ramas y las piedras del sendero;su barba y su pelo «rubianco» más abajo de los hombros le hacen parecer un cro-magnon. Mucho más adelantado, casi en la punta de la vanguardia, va Alexis Lamz, un enorme muchacho negro,estudiante de la Universidad Agraria de La Habana; le facilita la caminata —según dice riendo— ser «cinta negra en atletismo». Con su 1,90 de estatura nadie diría que es experto en manipulación genética… ¡de la orquídea! Nadie puede permanecer indiferente ante el paso por ElTeatro de las Nubes y la grandeza de la quebrada; por la Loma del León, con el mar Caribe a la vista, o la sencilla paz que se respira en el Alto de Lima. De vez en vez se oye, lejana,la voz del inconfundible de Leo que pregona ¡Voy arrrriiiiiba, Voy abaaaaaaaaajo!, según sube o baja el trillo. Silenciosa va Cecilia, una salvadoreña estudiante de 5to. año de Mecanización, que hace menos de un mes tuvo un esguince en el pie derecho, y cuando todos creen que quedó detrás, va casi encabezando el primer grupo.

En cambio, Gabriela, una quiteña estudiante de Geografía en la Universidad de La Habana, no para de hablar, hacer chistes y siempre parece estar en todas partes alegrando la caravana. Es fácil confundirla con una cubana y tanto, que uno no se imagina cómo podrá acostumbrarse a la vida en Ecuador cuando termine la carrera. En una especie de tren indetenible desfilan Maurice, el alto y enigmático jamaicano; Yulieth, la avileña delgada y sensible; Pierre,de Benin, con su perfecto español defuerte acento africano y una lógica aplastante; Eduardo, el villareño, que sabe ser amigo, y Rodny, el matancero, con la mochila cargada de azúcar, caramelos, medicamentos, jeringuillas y otros peroles, todo a la mano por si le da una sirimba, mientras va dando ánimo a los cansados. Perdidos todos entre fanerógamas, helechos, briofitas y musgos, riendo cada vez que YoandryPuerta, estudiante de 4to. año de Educación Musical del Pedagógico deCienfuegos, imitando al viejo cantante del Quinteto Rebelde arranca con las primeras notas de la parodia compuesta en medio de la lucha guerrillera en estos mismos escenarios a finales de los años 50.

En la Aguada de Joaquín hacen vivaque nocturno e improvisan colectivamente una Oda a la Sublime Albóndiga que les ayudará a matar el hambre,pues tocan a dos latas por cabeza, más tres panes, más un pedazo de pollo, frito desde la madrugada anterior y que a esta hora parece una momia con trastornos de la personalidad. Y agua, agua incomparablemente fresca yrecogida unos 50 metros más abajo del campamento,en el arroyo de la sierra que complace más que el mar.

Alguien con agotamiento total mira su lata de albóndigas como si esperara encontrar un letrero indicando Enterparaabrirla con un sencillo click, pero la evidencia es demoledora, si no se agencia de un cuchillo, no comerá.Detrás de la noche, el Pico Joaquín y Regino, con sus mil 680 metros sobre el nivel del mar se acomoda para emboscar a los jóvenes. Es el primer escollo a vencer para llegar alTurquino mañana. Y de repente ya es mañana. Se ha dormido mal y poco,y solo hay tiempo para un trago de leche caliente y la albóndiga redentora. Las dos horas siguientes son de marcha casi forzada. Algunos no ven la Juniperus saxicola panacea, un árbol endémico de la zona y casi en extinción —una joya viva—, porque hay sol fuerte y ya elTurquino se ve entre la floresta y todos van hipnotizados.

Luego del Paso de los Monos empieza la última subida, pedregosa, ardua, lenta, agotadora, interminable, casi media hora de ascenso continuo. Y súbito ¡la cota de los mil 974 metros sobre el nivel del mar! Están en la cima del Turquino, están ya al lado del busto a José Martí. Media hora no alcanza para dar rienda suelta a todo lo que se pensó que se haría al llegar; y hay que bajar. En lo adelante serán no menos de seis horas de marcha, sin contar los que se perderán al enrumbar el camino viejo por el Pico Rascacielos —mil 250 metros sobre el nivel del mar—, para llegar al Alto del Naranjo pasadas las seis de la tarde; pero ahora la emoción se reparte y se desgrana a como da lugar; unos cantan el Himno nacional frente al monumento o dando frente al sol, otros garabatean una libreta, mientras aquel va a saltos por todo el espacio como unchivito contento. Alguien, en silencio, acaricia las piedras del túmulo tratando de juntar su alma conla vozde estos montes remotos y nutricios.

Se inicia el descenso y cuando el último grupo rompe la marcha, el joven Rodney recuerda unos versos del recién fallecido Indio Naborí:

El tiempo cae sobre nosotros, pero/
mientras hay una meta prometida/
no se siente el gotear de su caída/
ni consulta relojes el viajero.

 


Portada

© Alma Mater 2006

Subir


 

 

Actualizada: 10 de febrero/2006