Caminos que no se hacen solos
Por Jorge Sariol
Foto: Ricardo de la Rionda
Adis Averoff Pedroso es una joven recién graduada en Licenciatura de Economía Global, que prefirió la ciencia de las estadísticas porque «siempre de pequeña me gustaron las matemáticas, a pesar de que cuando estaba en el Pre pensé hacer la carrera de Derecho, pues también me gusta mucho defender a los demás.»
Durante las sesiones del último congreso de la UJC, puntualizó sobre una cuestión que le toca de cerca. Sus estudios universitarios transcurrieron con todas las dificultades que implica ser discapacitada físico-motora. Adis camina con muletas pues le falta una pierna. Pero su preocupación no iba por ella.
«Con todos los nuevos programas de la Revolución, habrá una tasa de crecimiento mayor de personas con algún tipo de discapacidad que querrán ir a la universidad —en el país somos 63 mil—, y la FEU, que ha hecho mucho, en cuanto a crear condiciones en las aulas y en las residencias —sobre todo en dormitorios especiales— puede ayudar en la estrategia.
«Así que era el mejor lugar y el mejor momento, para debatirlo, pero es una cuestión muy compleja, porque casi todos los centros universitarios —para no ser absolutos— tienen barreras, y hay edificios antiguos que no pueden ser reformados sin alterar la arquitectura.
Adis Averoff ejerce como «adiestrada» en el departamento de Macroeconomía, en el Ministerio de Economía y Planificación, cumpliendo sus dos años de servicio social.
¿Cuántos discapacitados están en la universidad en estos momentos?
Alrededor de 55 estudiantes en la carrera de Derecho, Comunicación Social, e incluyo otros centros capitalinos como la CUJAE, por ejemplo.
Existe un vínculo muy bueno entre las tres asociaciones —ANSOC, ACLIFIM y ANCI— y la FEU, y el Ministerio de Educación Superior, porque sin ese vínculo los discapacitados no tuviéramos un sendero tan asequible como el que tenemos hoy en día para poder llegar a la carrera universitaria, no entramos en el escalafón tradicional que existe, o sea, el muchacho discapacitado de cualquiera de las tres asociaciones que haya cumplido su duodécimo grado hace unos exámenes de ingreso y si los supera entra a la universidad.
En el Congreso comentaba sobre el caso de un muchacho de primer año —el aula se encuentra en un segundo piso— con problemas en las articulaciones de las rodillas.
Al no poder subir escaleras, se le hacía muy difícil ir a clases. Entonces decidió dejar la carrera. Era el sueño de su vida, pero las barreras arquitectónicas fueron mayores.
La idea es buscar sensibilizar a las autoridades pertinentes para encontrar soluciones a tiempo para que no ocurran estas cosas.
Pero existen otras formas, como la educación a distancia...
Y tenemos maestros ambulantes en el sistema primario y secundaria,que van a las casas, pero estoy pensando en la universalización, a donde todavía no llegamos, y habrá que pensar en eso.
¿Qué apoyo te dio la FEU?
El fundamental, que es hacernos parte de ellos; muchos de los discapacitados formamos parte de un secretariado de la FEU y nos apoyaron en toda la vida universitaria, incluso enlos eventos deportivos.
¿Te fuiste dela universidad conla sensación de que pasaste los mejores años de tuvida o te fueron muy difíciles por tu discapacidad?
No, fueron los mejores años de mi vida, estuve muy vinculada con la FEU. Todos hicieron lo posible para que fuera parte de ella, son muy unidos y siempre buscando que todos los estudiantes se vinculen y quieran hacer la vida universitaria, a pesar de que no todos la hacen.
Mis compañeros tuvieron mucho que ver con la formación de esta persona que está aquí ahora.
En honor a la verdad, entre los estudiantes no existe quien no te dé una mano. Siempre habrá alguien que te ayude, pero la vida en la universidad transcurre veloz y agitada, y no todas las veces está una mano amiga a tiempo y oportuna.
Y el discapacitado debe intentar hacer la mayor cantidad de cosas posibles por sí solo.
¿A cuáles barreras arquitectónicas te has enfrentado ahora?
Hay algo que nos choca mucho, el transporte, realmente es algo muy difícil para nosotros.
Sin embargo, ahora en el centro de trabajo tengo elevador y hay conciencia de que somos discapacitados y una atención especializada que necesitamos, pero lo que realmente buscamos es la conciencia de los organismos que nos hagan más fácil llegar a los lugares.
La cuestión no implica solo a las instituciones educacionales, son los centros de trabajos, es un cine, es un teatro, un policlínico, un hospital, es decir, la sociedad, que por suerte ya está dando pasos para cambiar las concepciones.