ECOS DEL VIII CONGRESO DE LA UJC
EN LA ÉPOCA DE LAS LUCES
Por Jorge Sariol
Dos de los temas más debatidos en el VIII Congreso de la juventud comunista de Cuba, fueron los cambios de fondo en las concepciones educacionales cubanas y el impacto de las acciones de los trabajadores sociales, esos miles de jóvenes encargados de buscar respuestas a la mayor cantidad de problemas puntuales que encuentran por todo el país.
Es cierto que una revolución genuina se realiza con audacia,en medio de cambios radicales e inevitables contradicciones; si además se hace una revolución dentro de otra revolución, y aquella es en el ámbito educacional, entonces la audacia se acompaña de cautela y ambas encuentran, sumadas a las contradicciones, las subjetividades.
Para todos estuvo claro que urge encontrar mejores vínculos entre la familia y la escuela, y perfilarla función del maestro en los procesos de cambio de las nuevas concepciones, en las cuales los maestros emergentes de primaria y secundaria tienen una tarea difícil: educar mientras se forman.
Los miembros de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), asumen la tarea de captar jóvenes hacia las carreras pedagógicas, se rescatan profesores y actualizan sus categorías docentes. Se abre un universo nuevo para los estudios superiores.
Las nuevas ideas de llevar la universidad a los municipios tienen el objetivo fundamental de dar no solo la igualdad de posibilidades y oportunidades a todos, sino conseguir la culminación de los estudios con buen término.
Estas nuevas ideas, que incluyen el trabajo educativo con reclusos, para rescatar jóvenes, están encaminadas a no dar brecha a que otros en desventaja social puedan dar con sus primaveras en la prisión y logren, además de incorporarlos a la vida útil, realizar estudios superiores.
Y estos han sido los retos más difíciles de los trabajadores sociales.
Nadie antes hizo algo semejante. Nunca en lugar alguno de este planeta se está yendo tan lejos.
El estudio preliminar para hacer un diagnóstico de la niñez cubana—y la estrategia de seguimiento— ha sido solo el principio del comienzo de un proceso revolucionario que nunca permitiría que alguien quede desamparado, aún cuando la bonanza económica sea una aspiración nacional.
Las experiencias acumuladas en muchos rincones remotos del país y el ejercicio de todos los principios humanos a la hora de encontrar soluciones, ha sido el Tema de los temas del congreso.
Esto explica, por qué la enseñanza media ha dando un vuelco en sus concepciones contemporáneas, y la universidad tradicional se extiende a los municipios del país con una estrategia original.
Nadie permanece al margen, y que los jóvenes lleven el peso principal de todas las acciones, es el mérito mayor de una causa en la que el ser humano es el centro de las soluciones y no de los problemas.
En medio de todo, las proyecciones de los trabajadores sociales, dentro de los nuevos programas de la Revolución, han tenido que enfrentar una tarea descomunal, no siempre bien comprendida, y constantemente urgida de apoyo incondicional.
En mi opinión, Cuba ha podido resistir los desastrosos años noventa—con sucesivos gobiernos norteamericanos empeñados en complicar toda opción— porque sus habitantes han confiado en un sistema social que hará todo lo posible por preservar al ser humano por encima de toda condición.
A los trabajadores sociales se les debe buena parte del rescate de aquellos a quienes la vida llevó por la peor parte de la crisis.
La posibilidad de armar las bases para una comunidad humana renovada es también el desafío de estos tiempos y de estos jóvenes.