¡TENGO UN EXAMEN ORAL!
Por Marietta Manso
Para muchos, no hay nada peor que examinarse, no importa la forma que adopte la prueba; pero la mayoría teme, sobre todo, a enfrentarse a un tribunal de profesores con cara de pócker mientras las verdades aprendidas se van transformando en un ininteligible balbuceo.
Un trabajo aparecido recientemente en Internet y firmado por Gabriel Giubellino, afirma que en varias universidades se ha constatado científicamente cómo ante la perspectiva de un examen oral aparecen síntomas que van desde falta de sueño hasta gripe.
Refiere el autor que, incluso, se registran secuelas hasta los 15 días posteriores a la prueba, en tanto análisis efectuados dos semanas antes y dos después del oral en voluntarios sin adicciones ni dificultades familiares dieron como resultado el cambio en todas las variables clínicas estudiadas: frecuencia cardiaca, respiratoria, presión arterial y valores hematológicos. Y esto, cuando se rendía una materia cada vez, lo que hizo a los autores de la investigación preguntarse qué ocurrirá cuando el alumno debe asistir a dos o más pruebas de forma consecutiva.
Por su parte, Panza Doliani, docente en la Universidad de El Salvador y en la Universidad Abierta Interamericana, advirtió que el cambio más importante que opera en los estudiantes tiene lugar en la llamada hormona del estrés: «El cortisol es una hormona vital, pero en exceso destruye neuronas. Estamos diciendo que se produce una modificación hormonal de riesgo solo por el temor a los exámenes.
Si se repiten estas circunstancias de temor, el nivel de cortisona puede inhibir la formación de las células madre.
El alumno universitario, continúa el trabajo, afronta una fractura en los códigos de evaluación con respecto al secundario. El examen oral pone en juego otras habilidades del lenguaje. Es, señalan algunos, como someterse a un juicio, donde el tiempo cuenta mucho.
Incluso, hay profesores que se cuestionan la situación y alegan: «¿por qué si muchos estamos disconformes con esa forma de evaluación, sigue siendo la dominante?» el examen, dicen, resalta de un modo dramático, teatral, las relaciones de poder en el aula. «Lo que resalta es: “Yo tengo el poder, vos no”, y yo puedo regular con este instrumento toda nuestra relación.»
Escribió Pablo Daniel Vain, mágister en Educación: «Resulta necesario desnaturalizar estas prácticas, ponerlas en el banquillo de los acusados y, si se quiere, examinarlas. El examen deberá rendir examen.»