MELLA CON TINTA PERDURABLE
Por Jorge Sariol
Foto: Abel Ernesto
Pocos aspectos escaparon a los empeños precursores de Julio Antonio Mella (1903-1929).
A la fundación del Primer Partido Comunista de Cuba, la organización de la Agrupación Comunista de La Habana y la creación de la Liga Antimperialista, se unió la constitución de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
El joven —quien fuera presidente también de la Federación Anticlerical—, promovió la gestación de los «Manicatos», juegos deportivos realizados para competir con los estudiantes universitarios que preferían jugar con clubes sociales —aristocráticos— en vez de hacerlo por «la Colina».
Un año después de ingresar en la Universidad de La Habana —en 1921—, fundaba Alma Mater, una revista con El Ángel Rebelde como emblema en portada, una estatua que aún está en el patio central de lo que fuera la Cámara de Representantes en el Capitolio Nacional.
Alma Mater sería su violín de Ingres.
En su impetuosa cualidad de atraer y convencer, Mella logró —por ejemplo—que su amiga Sarah Pascual, en vez de asistir a clases el primer día de curso, fuera a la reunión organizadora del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, como representante de la revista.
En su vida de revolucionario —25 años tenía este hombre fundacional cuando lo asesinaron— no pocas veces ejerció el periodismo militante.
Su texto «Cuba, un pueblo que jamás ha sido libre», es un manifiesto antimperialista, contemporáneo en el contexto latinoamericano.
Durante su exilio en México, trabajó para El Machete, semanario del Partido Comunista de México, organización política a la cual se afilió no más llegó a ese país. En la redacción del rotativo conocería, a mediados de 1928, a Tina Assunta Adelaide Modotti Mondini, simplemente Tina, o Mía Cara Tiníssima, como la llamaba en sus cartas«...no está en mí suplicarte, pero a nombre de lo que nos amamos, dame algo cierto, algo que no sea un humo.»
Ejercería la crítica literaria en tierra azteca, donde publicaría su Glosas al pensamiento de José Martí, mientras esperaba algún día escribir un libro sobre el apóstol: «Puedo decir que ya está ese libro en mi memoria. Tanto lo he pensado, que ya me parece viejo libro en la adolescencia».
En su Cursillo para corresponsales, argumentaba: «¿Qué significa ser breve y conciso? No decir una palabra más ni menos (...) la brevedad es una virtud fundamental, porque el periódico de los proletarios lo forman unas cuantas hojas que deben recoger toda la palpitación de la vida mundial...»
También en Ciudad México, Mella fundaba la revista estudiantil El Tren Blindado, de la que saldrían pocos números.
A Tampico, en la costa del golfo, se fue por un tiempo y por indicación del Partido, a dirigir un periódico del Gremio Unido de Alijadores de esa ciudad. Tanta fue la amistad que se ganó y tanto respeto, que los trabajadores portuarios del lugar pidieron al Partido que no lo retirara.
Entonces, además de escribir en El Machete, participaba en todas las luchas universitarias y organizaba a los obreros.
«A veces lo solicitaban sabiendo que era un buen orador y por el prestigio que tenía como luchador —aseguraba Rosendo Gómez Lorenzo, un mexicano que ejercía el periodismo y uno de los últimos que lo vio con vida, la noche del 10 de enero de 1929.»
«Pasé por la Confederación Sindical Unitaria, que estaba cerca del local del Partido —contaba una vez el viejo revolucionario—, y allí estaba Mella:
«¿Ya sale El Machete?», preguntó. «No, pero tengo la primera prueba», «Déjamela, chico», «¡No hombre!, que tengo que corregirla por si hay algo...», «No, déjamela, yo te digo que si hay algo yo voy a la imprenta...», «¡No, qué vas a ir!», «Sí, sí, déjamelo.»
Convencido finalmente, Gómez Lorenzo le dio las planas.
Poco después, en la esquina de las calles Abraham González y Morelos, el joven cubano caía abatido por disparos calibre 38, uno de los cuales le destrozó el hígado. En sus bolsillos encontraron ensangrentadas las pruebas de galera del periódico El Machete.
El historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenring dejó escrito que Mella, en la lucha contra el imperialismo, durante la seudorrepública había sido «el primer mártir de esa indispensable campaña».