¿CÒMO SE TE OCURRE, PEB?
Por Luis Enrique Perdomo Silva,
periodista, profesor de la
Universidad de Oriente
« y nos perdemos en intelectuales laberintos...»
Frank Delgado |
En muchos estudiantes y profesores de esta región oriental han causado cierta repercusión los Proyectos Educativos de Brigada (PEB) personalizados, algo así como una extensión de los PEB tradicionales, que en otros lugares se les llama PITE (Proyecto Integral de Trabajo Educativo) y que, empleando las archiconocidas dimensiones curricular, extracurricular y político-ideológica, intentan guiar a los estudiantes. Todo esto desde un enfoque integrado, sistémico, como se estila decir por estos días.
Para nadie es un secreto que estos PEBs se elaboran desde el inicio del curso, plasmando en ellos los proyectos colectivos que los integrantes de alguna brigada van a desarrollar durante todo el año. Aquí valdría citar algunas asociaciones recurrentes que se ven en estos instrumentos y que, lejos de reflejar la poca creatividad de quienes lo diseñan, advierten la prisa con que han sido elaborados.
Todo el mundo enlaza Bastión o Día de la defensa con la dimensión político-ideológica; ir a un museo o campismo, hacer una fiestecita, anotarse en algún deporte o ver una película (con el consabido debate) cabe perfectamente en lo extracurricular y, finalmente, identificamos una actitud supuestamente docentista alcanzar más de 4.5 puntos, que todo el mundo apruebe el curso, participar activamente en las prácticas laborales y hermanarse con alguna asociación representativa de su carrera. Esto, bien balanceado para que alcance a todo el itinerario, distribuido por meses, con responsables y fechas para darle un tono colaborativo a lo planeado.
Hasta ahí tenemos el común de los PEB, todos estamos de acuerdo, el coordinador lo pasa a formato electrónico, se imprime, el secretario del comité de base y el jefe de brigada firman y el documento ya está. Se cumplió la tarea.
Pero, adónde va a parar este papel, nadie sabe. Tampoco cómo se controla el cumplimiento de tales y más cuales actividades, o si este instrumento responde ciertamente a la integralidad tan cacareada en los universitarios de hoy o... ¿será que la inmediatez de entregar el papelito nos hizo poner cualquier cosa?
Proyectos educativos personalizados. Monta, que te quedas...
No me declaro reacio a los documentos que circulan en la Universidad. Me declaro opuesto, eso sí, a la prontitud con que se confeccionan, donde importa menos lo cualitativo o donde entregar un papel y que la Facultad tenga eso a tiempo, es más importante que correr el «riesgo» de hacer las cosas con más detenimiento. Es que viene la inspección, la auditoría, la acreditación. ¡¡Apúrate!!
Al mismo tiempo, los estudiantes se van perfilando gradualmente en alguna dimensión. Llegar a la integralidad es un proceso paulatino, espontáneo, no forzado, que no se conquista a base de papeles y metas preelaboradas. Más bien es necesario dejar que sea el propio alumno quien vaya mostrando sus dotes, aptitudes y actitudes durante todo el curso, amén de su talento y posibilidades reales.
Durante mi etapa estudiantil conocí a varios muchachos y muchachas que no trabajaban a base de un papel previamente escrito, tampoco nadie estuvo encima de ellos para ver si cumplieron con un objetivo determinado. Y al final fueron los que prestigiaron la Universidad de Oriente, ya fuera por sus índices sobresalientes, sus resultados investigativos, o porque supieron repartirse sabiamente en las tres dimensiones antes mencionadas, sin dejar de ocuparse y preocuparse por ellos mismos como seres individuales.
Sugiero, aunque será iluso de mi parte, que estos proyectos personalizados sean chequeados al finalizar el curso lectivo. Pensar en la posibilidad de que el estudiante rinda cuentas o deje entrever, a través de sus resultados concretos, cuánto ha hecho por acercarse a ese propósito que todos soñamos alguna vez: la integralidad.
Aunque sepamos que algunos, con o sin papelitos personalizados, se queden a la zaga de este ideal.