UNIVERSIDAD VIRTUAL CUBANA
CAER EN LA RED
Por Jorge Sariol
Un chiste de última generación asegura que en el cibermundo los jóvenes son nativos y los adultos inmigrantes. Sin embargo, como casi todos los pensamientos axiomáticos, algunas veces las excepciones se permiten rostros de Mona Lisa, mientras estudiantes y profesores encienden las PCs y se sientan ante las mismas preguntas.
Desde la revolución industrial a nuestros días, nunca hubo una cultura de aprender como la que ahora ocurre en la era de las TIC (Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones). La cibernética se ha convertido casi en un objeto de culto en medio de la llamada sociedad de la información y el conocimiento.
El término «virtual» se ha vuelto tangible luego de varios siglos de significar «que no se concreta en la realidad, aunque reúne las condiciones para ello; que tiene existencia aparente y no real; que es implícito o tácito...».
En menos de 100 años se multiplicaron los paradigmas en la educación: a la familia y el maestro, se sumó la radio y la televisión; a estas, las computadoras y las potencialidades del cibermundo.
Un centro de educación puede ser «virtual» y estar «on-line» —en todas partes o en ninguna parte—, mientras a la velocidad de la luz, tecnologías y formas de pensar envejecen más rápido que el clásico chiste del merengue en la puerta del colegio.
Cientos de estudiantes y profesores universitarios cubanos se afanan en adentrarse en las nuevas tecnologías y en sus nomenclaturas: «memoria flash» «wiki», «gestión», «redes corporativas», «nodos», «servicios agregados», «plataformas como modelo de sistemas», «software libres y disponibles», «aprendizaje colaborativo», «modelos educativos de convergencia centrados en el alumno», «digitalización», «inmediatez», «interconexión», «interactividad»; todo bajo el principio de una «educación para la autonomía».
La generalidad de las plataformas de trabajo en la enseñanza-aprendizaje, además del imprescindible «chat» —y archivo, buzones, usuario, agenda, etc.—, llevan en su barra de herramienta las no menos obligatorias «evaluaciones».
Los sistemas propician el respeto a los estilos y ritmos de aprendizaje; indagan sobre los conocimientos y habilidades —así como actitudes y valores— con que cuenta el alumno para las tareas; precisan los resultados esperados de la actividad docente, de modo que el estudiante, apropiándose de su sentido y significado, la haga suya; favorecen el contacto y confrontación directa con el contenido de enseñanza —eso que denominan interactividad—, y las relaciones sociales —llamadas interacción— entre «iguales», para explorar las potencialidades del alumno en las diferentes áreas de desarrollo, entre otras habilidades.
Sin embargo, luego de una década dura, entre nosotros tener una computadora es un sueño difícil; la conectividad, un abracadabra; el ancho de banda una cuerda floja e Internet, una carrera a campo traviesa.
Las preocupaciones van más allá: ¿reparaciones?, ¿uso de backup?, ¿capacidad de memoria?, ¿actualización de antivirus?, ¿problemas con los periféricos? ¿Windows o Linux?, etc., etc., etc...
Para muchos la vía satelital es «la opción» en la conectividad pero es costosa, y en manos de trasnacionales —norteamericanas fundamentalmente—, aun teniendo el dinero, a veces no facilitan las posibilidades, por razones obvias.
Otros apuestan por la fibra óptica como la de mejor potencialidad, pero igual es carísima.
«La línea de cobre siempre habrá que usarla en las llamadas “últimas millas”», dicen los más conservadores.
«Recursos necesitamos» —advierte Rafael Barreda Yánez, un especialista en Multimedia y Web de CITMATEL, y deberá saber lo que dice porque además es profesor titular adjunto del Instituto Superior de Arte, de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana y de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI).
«Sin embargo, de la misma forma que hace 20 años no podíamos pensar en que íbamos a tener computadoras en todos los rincones del país, de hecho las tenemos «socialmente»; o sea, faltan en las casas y queremos tener más equipos para uso colectivo, porque el modelo cubano de socializar el conocimiento, pide cada vez más la distribución de PCs, lo mismo a una escuelita en pleno campo que en el laboratorio de una sede universitaria en la montaña.
«Quizás a la vuelta de cinco o 10 años cuando nos hayamos apropiado de más y mejor tecnología, y hayamos instrumentado socialmente muchas cosas nuevas, estos conceptos avanzarán, como sucede con la escuela cubana y llegue a ser la universidad virtual ejemplo de referencia.
«Estamos emigrando de una enseñanza fuertemente presencial, hacia la llamada teleformación; aquí en Cuba se emplearon las teleclases ya en la década del 60, y hacia finales de los setenta se estaban utilizando las teleclases en el preuniversitario, para combinar presencia y no presencia; pero el uso de la universidad virtual, es decir, el concepto de una universidad virtual es un concepto nuevo que se alcanzará con maduración.
«Nosotros tenemos desarrollado algo muy importante: nuestra noción de universidad. Es una idea que abarca a toda la sociedad y por eso se desarrollan los procesos de municipalización de la enseñanza, de extensión universitaria, de llevar la universidad a la fábrica, a los municipios no de ahora, siempre fue una idea del proyecto social cubano, y necesitamos una universidad virtual que tenga en cuenta la participación de toda la sociedad, sin prejuicios de las formaciones especializadas.»
Pero no todo es tecnología.
Éramos pocos...*
Hoy la universidad virtual cubana parece ser un concepto harto complicado, ¿es una institución?, ¿es tierra parcelada?, ¿existe solo en la PC de cada cual? Es solo una idea «on-line»? ¿Es solo para quienes están dentro del sistema de enseñanza superior?
Las discusiones saltan los muros ¿maestro virtual?, ¿reordenamiento curricular?, ¿sustituir la experiencia del laboratorio?, ¿planos realizados digitalmente?, ¿y la habilidad manual?
Algunos advierten preocupados que en cualquier caso siempre habrá que dejar margen al conductismo, del método reproductivo y de la conversación cara a cara.
«Creo que está bastante claro que el sistema de educación superior cubano no está concentrado solamente en un ministerio —dice Alina Ruiz, vicerrectora primera de la UCI—, pero todas las instituciones han estado trabajando de conjunto en el pensamiento de la universidad virtual cubana, que lleva, por supuesto, un soporte tecnológico complejo y al mismo tiempo lleva un desarrollo de contenidos, aplicaciones, etc.
«Hoy podemos estar hablando de plataformas de gestión, de cursos que se han estado desarrollando por varias universidades, plataformas con prestaciones de altísima calidad en los estándares mundiales, como los desarrollados por la CUJAE o por la Universidad Central de Las Villas, creaciones de las que muchos centros —el de Ciencias Informáticas, por ejemplo—, hace uso eficiente.
«De todas formas coincidiría en que aún falta integración. En la última convención —Informática 2005—, en el contexto dedicado al uso de las tecnologías en la educación, el foco fundamental estuvo en la educación «on-line», en el trabajo virtual, y sin dudas las universidades cubanas tienen ya un camino andado.
«Creo que la integración es «el tema», justamente es la palabra de orden en estos momentos; toda la inteligencia de la enseñanza superior trabaja para que esto sea real. La idea es una red, en la que todos compartamos los conocimientos, y que sea accesible desde todas las computadoras de todos los centros.
«Una de las ventajas mayores de la virtualidad es que tú personalizas tus conocimientos a la vez que personalizas tu acceso a ellos, eso permite además que lo que el estudiante va acumulando, también forme parte del proceso que se mueve sobre esa red virtual.»
Sin embargo algunos creen que estamos a mitad de camino. ¿O es que a lo que aspiramos es tan grande que no vemos todavía la segunda mitad?
La pregunta no sorprende a la vicerrectora de la UCI.
«Ahora es sobre todo un problema de infraestructura y que se resolverá en buena medida cuando toda la red nacional de fibra óptica esté terminada; cuando eso llegue, tiene que estar ya bien estructurada la red universitaria.
«Yo diría que sí —reconoce la doctora Ruiz—, que estamos a mitad de camino pero debemos llegar a metas importantes en menos tiempo de lo que mucha gente cree.
«La aspiración es realmente un mejoramiento continuo, la universidad de excelencia cubana es más que una meta a la cual llegar, es un camino que siempre estaremos recorriendo y en el que la universidad virtual es sin duda una autopista.
«El claustro de las universidades en los últimos años se ha ido haciendo más joven; la universalización ha hecho que este rejuvenezca, pero incluso muchos viejos profesores se suman a formación básica en el manejo de las TIC.
«La universidad virtual sin profesores es nada, porque tú no aprendes, siempre hay una interacción, aunque sea mediatizada por la computadora, pero siempre habrá un profesor.»
*Al cierre de este número se conoció la ecisión del gobierno cubano —a partir de un diseño de normas técnicas, organizativas y un marco legal para ese cambio— de favorecer el uso del sistema operativo Linux, por sobre Windows, manejado hasta ahora por la mayoría del país. El programa de sustitución progresiva lo supervisará un Grupo Nacional que integra también la enseñanza superior.