Martes
23 de Julio de 2019

Striptease de la memoria (autorretrato inconcluso)

Una mujer con sombrero, se desdobla en striptease de la memoria. Un desliz sobre la cama, (velero de la carne, un mes de enero de otro año que no existe en almanaques). Reviste de barniz otra sonrisa de Elizabeth, de Artemisa sin ataduras. Persiste como el óleo, la gitana. Se ilumina como un prisma. Es otra Janis, la misma Alejandra en la ventana introspectiva. Es Ana, sin verdugo que desvíe el filo, nadie que envíe la pirámide hacia adentro. Como Cleopatra en el centro de su veneno sonríe en otra pose de actriz... sin un rol que la contenga. Como matrioska, se venga al no llamarse Beatriz. Pretende imitar el gris de la mujer que se aferra a los puñados de tierra sobre la cara. No entiende por qué la muerte defiende la vida que se aterra de ser tanto y no ser nada: solo fuegos de artificio, un engañoso solsticio que pasa a ser la mirada desde la punta quebrada de un iceberg…

 

Madame Bovary:

mi mano se estremece con cianuro, he salido en claroscuro para caer sobre el plano surrealista. Pierdo y gano la guerra con la conciencia. Ya no se funde la ausencia de mi rostro en los vitrales, acelero los finales y doy motivo a la ciencia psicoanalista de dar una razón al olvido. Para Freud pude haber sido utopía, broma, azar. Me confundo, logro estar pernoctando en este sueño que me inventas, un pequeño laberinto sin salida, gota de cera, homicida tentación contra mi empeño de coser las cicatrices, con las piernas bien cerradas como puertas, -las miradas que acuchillan... los deslices de otra existencia: matices de la cuerda y la ruptura- Añoro verme segura y caminar sobre el fuego. Toco el vacío, me niego a tener el alma pura.

Madame, un hombre me llena de estocadas. La saliva se torna semen, deriva hasta el pecho, me envenena con lentitud, vuelve ajena mi voz, la palabra arde en mis labios. Otro alarde: la historia que se repite. Debo asistir al convite…

Adiós, Madame, llego tarde.

 

Y ahora quién me pregunta

por el tiempo y los disfraces,
quién me exige hacer las paces

con la vida. Quién me apunta
al pecho con su presunta
añoranza. Quién confiesa
ser culpable. Quién regresa
a cortar la margarita.
Quién bromea, quién me habita…
Dónde queda la sorpresa,
sin el papel de regalo,
sin el rojo y la alegría
imposible de este día
que con el dedo señalo.
Ahora yo me apuntalo,
compro una realidad
sin tonos grises. Mi edad
ya no es un sol prematuro.
Ahora me invento un muro,
una casa, una ciudad.      

 

Equilibrio

El orden es un suspenso
en equilibrio, la ausencia
de talismanes, la esencia
de un animal indefenso
que se transforma. Está tenso
el arco pero sin flecha.
El orden es una fecha
alterada por error.
El inicio es el dolor,
el fin una luz que acecha.

 

II

El caos apunta al centro
de la tierra. Alta ficción

en el juego es la razón
que ya no asiste al encuentro
cotidiano. Salgo…entro
a la cáscara, me escondo
del veneno, no del fondo
del recipiente. Feroces
entre paredes las voces
me llaman y no respondo.

 

Elizabeth Reinosa Aliaga